Quinorifas, fiestas semáforo y ruletas sexuales

 

QuinorifasQue todo el mundo de Internet está lleno de “palabrejas” raras nadie lo duda. Es algo que asusta a los no muy introducidos en la red. Y al hablar de los riesgos de los menores a la hora de navegar por Internet, también aparecen palabras y términos no muy usados en la vida cotidiana, y sin embargo definen fenómenos muy habituales y muy tipificados. Palabras como “grooming”, “ciberbullying”, “sexting” o “ciberbaiting” aturrullan a muchos padres y madres a la hora de intentar entender lo que sucede en la Red. Sin embargo, teniendo voluntad, son términos fáciles de entender y existen infinidad de recursos en Internet que nos ayudan en este sentido.

Este prefacio viene porque hoy traigo otra palabra no conocida hasta ahora: Quinorifa. Se trata de algo que ha surgido en Facebook, originariamente en Perú y Colombia, y que consiste en ofrecer sexo con menores de edad a cambio de dinero. El ganador de esa rifa, tendría como premio la oportunidad de mantener relaciones sexuales con esa niña, entre 15 y 18 años normalmente. Los precios van desde los 50 a los 150 dólares por hasta 12 horas con la menor.

La promoción se hace en un doble sentido. Por una parte atraen clientes y por otra a menores para que entren en el “juego” a cambio de unas sumas de dinero. La Policía tampoco descarta que tras estas promociones se encuentren no sólo redes de trata de personas sino también estafas.

Ya en Perú se habían hecho en cierta medida populares las llamadas fiestas semáforo, convocadas a través de Internet y donde participan menores de entre 12 y 17 años. Son fiestas sin ningún tipo de control donde se consume alcohol, drogas y donde el desenfreno llega hasta incluso la práctica de sexo en la piscina. En estas fiestas los menores deben portar una pulsera verde (si están “solteros”), roja (que significa que ya se tiene una relación) o amarilla (que quiere decir que está dispuesto o dispuesta a todo).

Y el tercer tipo de fiestas de menores convocadas a través de Facebook son las llamadas ruletas sexuales, en las que se trata de mantener relaciones sexuales sin llegar a eyacular, ya que el que eyacula es el que pierde.

Un agravante añadido a este tipo de fiestas es que muchas imágenes y vídeos tomados en ellas se suben a Internet y no es nada difícil encontrarlas en Youtube y en otras redes.

En fin, unas modas preocupantes en Perú sobre todo ahora mismo, pero hay que estar alerta a lo que pueda pasar y constituye un motivo más para que padres y madres tomen conciencia de lo importante que es que estén presentes en la Red y aprendan a navegar y usar las herramientas de Internet. No hacerlo supone, está a la vista, correr el riesgo de enterarse demasiado tarde de prácticas como éstas que aquí contamos u otras similares. No se puede aconsejar a los hijos e hijas si no se conoce el tema y ellos y ellas tampoco acudirán a buscar consejo y pedir ayuda a unos padres y madres que no tienen idea y por lo tanto carecen de capacidad para ayudar. ¿No son motivos suficientes para ponerse a la tarea?

En este vídeo que reproducimos a continuación, se muestra este tipo de prácticas convocadas a través de las redes sociales y se comprueba lo que apúntabamos: la Red está llena de imágenes tomadas en esas fiestas.

Cómo actuar ante un delito en la Red

Delitos en la RedÚltimamente están apareciendo en los medios de comunicación muchas noticias de acciones policiales para frenar el envío de fotos y vídeos de contenido sexual protagonizados por menores. Los envíos se realizan sobre todo a través de Twitter, pero también por medio de los programas de mensajería de móviles, WhatsApp y Line. La Policía publica periódicamente avisos advirtiendo de que la transmisión de estos archivos o enlaces es constitutivo de delito. Y en esta semana estos avisos se han reforzado porque parece que muchas personas no son conscientes de esto. Y entre los denunciados por la transmisión de estas imágenes se encuentran numerosos menores.

Sin embargo no es de esto de lo que quiero hablar hoy. Me voy a referir a otro tipo de transmisión de imágenes, con otros fines, pero con resultados igualmente perjudiciales. Hablo de las personas que con el objetivo de denunciar la existencia de, por ejemplo, una web con contenido pedófilo, no se les ocurre mejor cosa que publicar el enlace en las redes sociales. Lo hacen con la idea de que otras personas denuncien la existencia de esa página para que la cierren. Como bien advierten los Cuerpos Policiales, seguramente la intención es buena, pero el resultado de la acción no lo es, y puede traer consecuencias para sus autores, es decir, para las personas que hacen públicos esos enlaces. El hecho de publicarlos hace que aumente el número de visitas.

Entonces ¿cuál es el procedimiento a seguir? Pues desde luego denunciar el hecho a la Policía Nacional o a la Guardia Civil, pero sin publicar enlaces en ningún sitio. Si recibes un tweet o te llega un mensaje a través de WhatsApp o cualquier otro medio, con un contenido susceptible de delito (pornografía infantil, imágenes de abuso a menores, ciberbullying…), debes seguir los siguientes pasos:

  1. No borrar el archivo susceptible de denuncia. Son pruebas que pueden necesitar los Cuerpos de Seguridad para llegar a los autores. Por supuesto, no difundirlos.
  2. Comunicarlo a la Policía Nacional o a la Guardia Civil. Ambos Cuerpos disponen de unidades especializadas en delitos telemáticos. La página de la Policía Nacional para este tipo de comunicaciones es http://www.policia.es/colabora.php. La de la Guardia Civil es http://www.gdt.guardiacivil.es/webgdt/pinformar.php. En cualquiera de los dos casos no es obligatorio proporcionar datos personales.
  3. En el supuesto de que lo que se quiera presentar sea una denuncia, puede interponerse también a través de las mismas páginas, pero teniendo en cuenta que en ese caso sí que hay que aportar datos personales y que necesariamente dentro de las 72 horas siguientes habrá que personarse en la Comisaría de Policía o en el centro policial o judicial que se decida para firmar esa denuncia.

La vigilancia para disponer de una Red sana es competencia de todos, no sólo de las Fuerzas de Seguridad. Por eso hay que colaborar por iniciativa propia cuando consideremos que estamos ante un delito.

Y algo muy importante que muchos padres y madres no tienen en cuenta. En ocasiones son los menores los que están siendo víctimas de determinados delitos: acoso, chantaje sexual, estafa, suplantación de identidad… Si tenemos constancia de esto, es necesario, imprescindible, que lo denunciemos. No ya informar, sino denunciar, por el bien de los hijos o hijas y del resto de menores que puedan estar siendo víctimas del mismo sujeto. Por ejemplo, muchos padres y madres no son conscientes de que el hecho de que le roben la cuenta de correo de la red social a su hijo es un delito. Las consecuencias pueden ser graves, ya que a través de ella acceden a todos sus contactos y a las imágenes almacenadas propias y de terceras personas. Con esta información y estos datos pueden hacer daño a otras personas y también pueden hacerse pasar por el menor al que le robaron esa cuenta. Es decir, la persona que ha hackeado o robado esa cuenta, tiene en sus manos un arma que puede ser muy peligrosa para muchas personas. Por eso es importante denunciar el hecho. Estaremos contribuyendo a aumentar la seguridad de la Red.

Todas estas recomendaciones son válidas para cualquier país. Soy conocedor de que muchos de los que leen este blog lo hacen desde países de Sudamérica, por lo que les remito a este artículo –Cómo denunciar un delito informático– donde podrán encontrar las direcciones a donde dirigirse para denunciar e informar de estos delitos en Argentina, México, Chile, Colombia, Perú, Venezuela, Ecuador, Uruguay y también Estados Unidos y Reino Unido.

Y para estar al tanto de consejos y de advertencias actualizadas sobre las amenazas delictivas que surgen día a día en la Red, os recomiendo las páginas y perfiles de las unidades de delitos telemáticos de la Guardia Civil y Policía Nacional en las Redes Sociales:

Adolescentes y smartphones

Adolescentes y smartphonesHemos hablado en el artículo anterior sobre el uso de las aplicaciones de mensajería instantánea en los smartphones. Es uno de los usos que tienen estos dispositivos, pero no el único, por supuesto. A él se le añaden multitud de tareas que antes se hacían a través de un ordenador y otras que son totalmente nuevas y que vienen propiciadas por la movilidad y la geolocalización de estos dispositivos.

Cabe destacar la gran penetración en el mercado español de los smartphones. Según el informe anual de la Fundación Telefónica, “La Sociedad de la Información en España” revelado hace unos meses, el 63,2% de los teléfonos móviles en España son smartphones, con lo cual se sitúa en la cabeza de la Unión Europea y entre los primeros del mundo.

Es por eso que los adolescentes cuentan entre sus primeras “necesidades” la posesión de uno de estos terminales inteligentes. El poseerlo es signo de pertenencia al grupo, igual que antes era tener una cuenta en Tuenti aunque no tuviera la edad legal para hacerlo, pero como todos sus amigos y amigas la tenían…

Un smartphone es mucho más que un teléfono. Me atrevo a decir que incluso es más que un ordenador. Y como la mayoría de los adolescentes poseen uno, es muy recomendable que sea tema de conversación en la familia. No se trata de regalarle uno de estos dispositivos al menor y que sea él el que averigüe cómo se maneja. En el fondo, muchos padres y madres piensan que sus hijos e hijas saben manejar estas herramientas mejor que ellos y por eso no se atreven a dar consejos ni instrucciones. Y de esta manera los menores aprenderán su uso a través de sus compañeros o dejándose llevar por la intuición. No estoy seguro de que eso sea lo más recomendable.

Un ejercicio de responsabilidad será darle una serie de recomendaciones que aunque pensemos que son conocidas, es muy probable que no sea así. Las mínimas recomendaciones son:

  • Instalar un antivirus. Existen antivirus gratuitos y que, contrariamente a lo que se piensa, no tienen porqué ralentizar el uso del terminal. Una configuración que debe realizarse en el antivirus es la de no permitir descargar aplicaciones fuera de la tienda oficial (Playstore o Appstore normalmente). Cada vez con más frecuencia existen páginas que automáticamente pretenden instalar una aplicación con software malicioso. El evitarlo es una de las principales funciones de los antivirus para smartphones. Pero, ojo, igual que los antivirus para ordenadores, de nada valen si no se usa el sentido común. Si por curiosidad o por consejo de amigos el menor accede a lugares o a aplicaciones que no debe, de poco valen los antivirus.
  • Configurar la pantalla de bloqueo del terminal. Existen aplicaciones, –y a veces el propio sistema operativo del teléfono tiene esta función– que están destinadas a establecer un sistema de seguridad para desbloquear la pantalla. Puede ser un patrón de bloqueo (mediante deslizamiento del dedo de una manera predeterminada), mediante una contraseña, o incluso por voz o reconocimiento facial. El de seguridad más baja es el patrón mediante deslizamiento del dedo. En cualquier caso hay que dificultar el acceso directo al teléfono, ya que normalmente, además de guardar contactos o agenda, se almacenan también fotos, documentos e incluso se suelen tener abiertas las cuentas de redes sociales o de correo, con lo cual en caso de robo o pérdida, las consecuencias pueden ser graves.
  • Mucho cuidado con las aplicaciones que se descargan. En principio deberían ser sólo las existentes en las tiendas de descarga oficiales, pero esto tampoco es garantía. Muchas de ellas pueden abusar de los privilegios que les damos al instalarlas (geolocalización o acceso a contactos por poner sólo un ejemplo) y pueden incluso en casos extremos acceder a determinadas carpetas, como la de imágenes, para hacerse con ellas.
  • Tener anotado el IMEI del teléfono y a ser posible guardar la factura de su compra, datos que serán de utilidad en el caso de robo o pérdida del teléfono. El IMEI servirá para que la operadora bloquee el teléfono a petición nuestra y la factura ayudará a la hora de presentar una denuncia por robo.
  • Advertirle de la fragilidad de los datos transmitidos a través de ciertas redes. Existen programas que pueden rastrear las comunicaciones efectuadas en una red wifi no segura (cafeterías, redes públicas, etc.). Por lo tanto, si hay que transmitir datos sensibles (imágenes o datos confidenciales) deberá hacerse a través del plan personal de datos y no en una red de este tipo.

Estas serían las pautas básicas que un menor debería recibir junto a su flamante smartphone. Por supuesto, pautas igualmente válidas para los adultos, porque no es sólo para menores.

A partir de aquí, los consejos ya repetidos en anteriores ocasiones, válidos para cualquier tipo de acceso a la Red: precaución con las imágenes que se envían, ojo con los datos confidenciales vertidos en la Red, cuidado con el tiempo que se emplea usando el teléfono…

No demos por hecho que los menores manejan la tecnología mejor que los adultos. Quizás algunos sí, pero tengamos en cuenta que el manejo de una herramienta no presupone el conocimiento del buen uso de ella.

Adolescentes y WhatsApp

Adolescentes y WhatsAppEl número de adolescentes que usan un smartphone va en aumento. Un estudio realizado por la operadora de móviles Orange en Francia, Reino Unido y España (Orange Exposure 2012/2013) muestra que un 95% de los adolescentes cuentan con un smartphone, lo que supone un 65% del total de los que se usan en este mercado. Y el 43% prefiere usarlos antes que otro dispositivo para acceder a Internet o como terminal multimedia porque es de su exclusiva pertenencia y de nadie más, por lo cual pueden acceder cuando lo deseen.

Es decir, que cuando hablamos en la actualidad de acceso a la Red por parte de los adolescentes, al menos en España, habrá que comenzar a cambiar el “chip” en cuanto a consejos, recomendaciones y precauciones. Lejos quedan ya aquellas máximas de que el ordenador debe estar en un lugar público del hogar, no en la habitación del adolescente, o la de la conveniencia de instalar alguna herramienta de control parental en el equipo… Por supuesto, pueden seguir siendo consejos válidos, pero con la conciencia de que serán de aplicación ya muy restringida porque los más jóvenes tienen ya sus propios dispositivos, caracterizados por su autonomía y movilidad.

Hasta no hace mucho, en las charlas dirigidas a adolescentes en los centros de enseñanza, lo más normal era hablar de los ordenadores, de Tuenti y ya en mucho menor medida del Messenger. Hoy en día hay que hablar sobre todo de los móviles, del WhatsApp, del Twitter y del Tuenti. Los sistemas de mensajería de los smartphones, como WhatsApp son ya la forma principal de comunicación entre los adolescentes. Y de ellos quería hablar en este artículo.

El uso de WhatsApp –o cualquier otra aplicación similar, como Line– por parte de los adolescentes plantea nuevos problemas a tener en cuenta. El primero de ellos es la adicción. Estar pendiente de la respuesta de un mensaje que acaban de enviar o revisar continuamente la lista de contactos para saber la última hora de conexión o ver si han visto el mensaje que se envió anteriormente, son comportamientos muy habituales no ya sólo de adolescentes sino también de adultos. Y esto puede interferir en la atención que deben prestar en determinados momentos al estudio, a las tareas habituales o incluso a otras formas de ocio.

El segundo problema no es algo nuevo ni exclusivo del WhatsApp: el sexting o envío de fotos comprometidas. El hecho de que en la actualidad no sea necesario contar con un ordenador ni tener que transferir las imágenes captadas con otro dispositivo a otro equipo conectado a Internet, hace que casi no haya espacio para la reflexión. En un par de pulsaciones se graba la imagen y con el mismo dispositivo se cuelga en la red o, lo más frecuente, se envía a través de WhatsApp.

El tercer problema que comienza a aparecer en esta aplicación es el acoso, algo ya viejo en Internet, y que no hace otra cosa que aprovechar este nuevo canal de mensajería instantánea. En los diferentes medios comienzan ya a abundar las noticias de casos de acoso a menores a través de WhatsApp.

Las recomendaciones para padres, madres y educadores son las mismas que usábamos para el resto de servicios de Internet. Para comenzar, de nada valen las prohibiciones, y mucho menos ahora que los adolescentes son propietarios de estos dispositivos que se conectan desde cualquier sitio. Burlarían la prohibición muy fácilmente y con consecuencias más negativas que el problema que se pretendería atajar.

No se trata de un problema de tecnología ni de que estas aplicaciones sean “monstruos”, sino que es un problema de educación, y la educación se aplica a todas las esferas de la vida personal. Hay que hacerles ver que no es correcto para una relación personal el estar hablando con otra persona y al mismo tiempo estar pendiente del móvil, y que hay que cuidar las relaciones personales (entendidas como relaciones cara a cara, físicas) de la misma manera que se cuidan las relaciones digitales. Y como en cualquier otra actividad en la vida, hay que dedicarle el tiempo correcto: no es lógico que un adolescente tenga el teléfono activado durante la noche, mientras duerme, igual que durante las clases o mientras realiza tareas escolares.

Naturalmente, todas estas recomendaciones tienen sentido si se acompaña del ejemplo de los adultos. Porque el mal uso de la mensajería instantánea en los smartphones no es exclusivo de los jóvenes. Y si un padre o una madre no es capaz de corregir a un menor que está operando con su móvil durante la comida, será muy fácil que ese mismo menor caiga en conductas de riesgo en el resto del tiempo.

Y en lo que toca al envío de imágenes, hacerles ver ejemplos de mal uso de estas prácticas. Abundan ya en prensa. La foto que hacen hoy y a la que no le dan importancia, puede tener consecuencias muy negativas en el futuro. Y la persona en la que confían hoy puede ser un enemigo resentido tiempo más adelante.

Por último, hacerles ver el riesgo de la inmediatez: antes, el enviar una imagen implicaba tomarla con una cámara o móvil, llegar a casa, encender el ordenador, conectar la cámara, transferir las imágenes, entrar en la red social y enviarla o colgarla. En todo este proceso daba tiempo a reflexionar y echarse atrás, algo que no ocurre hoy en día. La imagen que envían en un momento de euforia, quizás amparados por el grupo, puede costarles cara al día siguiente.

Finalizando: una herramienta muy útil y con muchas posibilidades siempre que se haga un buen uso de ella. Separemos las “debilidades” humanas de las herramientas de comunicación. Hay que reconducir esas “debilidades”, no satanizar las herramientas.

El ciberbaiting o acoso a profesores

CiberbaitingEstos días la Policía ha emitido un comunicado donde informa del incremento de las detenciones por injurias, amenazas y delitos contra la intimidad en la Red, el triple que en 2011. El aumento del uso de smartphones y el mayor acceso de la población a Internet, ha posibilitado estas prácticas. “Supuestos chismes que no son inofensivos y sí injurias graves, afirmaciones contra el honor, imputación de delitos a otras personas que no se han cometido (calumnias), intromisiones en la intimidad de las personas desvelando aspectos –ciertos o no- de su ámbito privado o daño grave e intencionado a la imagen de otras personas con difusión son ilícitos tipificados en el Código Penal”. Esto es lo que nos dice la Policía en su comunicado. Y habría que añadir que muchos de los autores de estos comportamientos son menores, que no son conscientes del alcance de este tipo de actuaciones. Para muchos de ellos el acoso a través de Internet es una simple gamberrada. Si a este desconocimiento de las consecuencias legales, se le añade una actitud irreflexiva a la hora de usar las Redes, tenemos un cóctel explosivo.

Los menores, y los adultos, acceden cada vez más a Internet a través de los smartphones. Esto es una facilidad más para un comportamiento incorrecto en la Red. Si antes para subir una foto había que tomarla con una cámara digital, llegar a casa, conectar la cámara al ordenador, descargarla, conectarse a una red social y colgarla, en la actualidad basta poco más que un par de pulsaciones de tecla en el teléfono móvil para que esa imagen esté circulando por la Red. Para bien y para mal. De ahí vienen muchos comportamientos de acoso y cyberbullying. De esto hemos hablado con frecuencia en este blog.

Pero en esta ocasión quiero referirme a una forma especial de acoso: el ciberbaiting. Consiste en provocar a los profesores, hasta que pierden el control, para luego grabar esas reacciones en video y subirlas a la Red, para humillarlos de esta manera. Es decir, algo similar al ciberbullying pero en lugar de ser otro menor el acosado, lo es el profesor o profesora. Se burlan de algún defecto o característica física o de sus reacciones para después ridiculizarlos en las redes sociales. Y esto, como hemos indicado más arriba, son atentados al honor, o amenazas, o injurias, y todo ello está tipificado en el código penal. Y a diferencia de otros tipos de acoso, en el que existe un aparente anonimato, este comportamiento sucede siempre dentro del ámbito escolar, con lo que es más fácil identificar y localizar a sus autores.

Uno de cada cinco profesores, según el informe de Norton Online Family, ha experimentado en alguna ocasión este problema o conoce personalmente a alguien que lo ha sufrido. A veces este problema viene derivado de la relación entre profesores y alumnos a través de las redes sociales, y un 67% de los educadores reconoce que existe ese riesgo y a pesar de ello un tercio continúa siendo “amigo” de sus alumnos. Algo para reflexionar, al igual que los códigos de conducta que tienen (o que no tienen) los centros educativos para regular el uso de las redes sociales en el contexto escolar.

Para atajar este problema es necesaria la educación para enseñar a manejar las herramientas sociales en Internet desde una doble vía: desde el propio centro escolar y desde la familia. Vanessa Van Petten, autora de la página “Radical Parenting”, afirma que los jóvenes “necesitan padres, profesores y otros modelos de conducta que les ayuden a descubrir hacia dónde ir, qué decir, cómo actuar y más importante aún, cómo no actuar. Situaciones negativas online pueden tener repercusiones en el mundo real: desde acoso hasta pérdida de dinero en fraudes donde se proporciona información personal” (Internet Safety for Kids)

Resumiendo: a la hora de hablar de la seguridad de los menores en Internet, no debemos centrarnos sólo en protegerlos de amenazas de terceros, sino también de ellos mismos, mostrándoles los riesgos de comportamientos del tipo que acabamos de comentar. Es decir, informar y educar. Pero para eso, como indicaba Vanessa Van Petten, es necesario que cuenten con modelos a seguir y a donde recurrir en caso de necesitar ayuda. Es decir, madres, padres y educadores deben hacer el esfuerzo de informarse y formarse también. No hay otro camino. No pensemos en legislaciones controladoras o represoras o que las instituciones hagan el trabajo por nosotros.