CiberbullyingEl mundo de Internet está lleno de “palabrejas”. En las recientes charlas que he impartido sobre el tema de los menores y la Red, y también en comentarios con compañeros y compañeras, términos como sexting, o grooming suenan casi casi a chino. Y esto agobia un poco a padres y madres que tienen, sufren, la sensación de que todo esto les supera. Y yo, siempre que tengo oportunidad, les animo a que no decaigan, porque es sólo cuestión de palabras, y lo que realmente importa es su significado. Y eso es mucho más fácil de entender.

Por lo tanto, hoy me atrevo con otra “palabrota”: el ciberbullying. Su significado es ciber-acoso. O sea, acoso a través de Internet. Profundizando un poco más, se trata del uso de medios electrónicos (Internet y teléfonos móviles principalmente) para acosar psicológicamente a un igual. Es importante este último detalle. El ciberbullying se da siempre entre iguales: es decir, no se da entre un adulto y un menor. Y tampoco tiene un carácter sexual, aunque pueda tener algún componente. Se trata de desprestigiar, acosar, humillar, ridiculizar a la otra persona. Y para ello se emplean las herramientas que la Red nos ofrece. Se puede materializar en infinidad de maneras, sólo limitadas por la imaginación del acosador:

  • Envío de mensajes sms amenazantes.
  • Publicación de fotos y datos de la víctima en páginas web de contenido sexual.
  • Propagación de rumores a través de foros.
  • Creación de perfiles falsos de la víctima en redes sociales para colgar imágenes y comentarios que le desacrediten públicamente.
  • Robar su cuenta de correo electrónico para posteriormente ensuciar la imagen de la víctima entre familiares y amigos o simplemente para violar su intimidad.
  • Inscribir su dirección de correo electrónico en servicios que posteriormente puedan inundar de spam su cuenta.

Aunque tiene similitudes con el bullying –el acoso escolar– no es exactamente lo mismo. En primer lugar, a diferencia del bullying, este comportamiento no tiene porqué referirse al ámbito escolar. Incluso puede darse el caso de que víctima y acosador ni se conozcan.

Otra diferencia radica en el perfil de los acosadores. En el caso del bullying suelen ser de género masculino y con superioridad física. En el ciberbullying los géneros están más equilibrados y no es necesaria la superioridad física. Además, las consecuencias del acoso a través de Internet son mucho más graves. Ya no se ciñe sólo al entorno inmediato de la víctima sino que se extiende por toda la Red. Y tampoco es necesario que coincidan víctima y acosadores físicamente: están siempre presentes porque están en el espacio virtual que acompaña siempre al menor. Es imposible esconderse.

El ciberbullying es, junto al ciberacoso, uno de los mayores riesgos que puede sufrir un menor en Internet. El INTECO, en su  Estudio sobre hábitos seguros en el uso de las TIC por niños y adolescentes y e-confianza de sus padres revela que los padres consideran más grave el hecho de que sus hijos insulten o amenacen a otros niños que el de recibir insultos. Quizás provenga de la preocupación por la educación y valores con que desean que sus hijos se comporten en la Red. En este sentido hay que distinguir entre ciberbullying pasivo (ser acosado por otro menor) y activo (acosar a otros menores). El 50% de los padres consideran muy grave el ciberbullying activo y sin embargo desciende al 30% en el caso del pasivo.

Podemos hacernos una idea de la dimensión del problema, en España, con los datos que aporta este estudio: la incidencia del ciberbullying pasivo es del 5,9% y el del activo el 2,9%.

¿Qué cabe hacer ante un caso de ciberbullying? Por parte del menor hay varias recomendaciones:

  • No responder a las provocaciones. Eso es precisamente lo que buscan los acosadores.
  • No facilitar datos personales ni información innecesaria sobre ti: muchas formas de acoso se basan en datos personales que las propias víctimas facilitan inconsciente e imprudentemente. Y esto se extiende, por supuesto, a las redes sociales.
  • Si el medio en el que se manifiesta el acoso (foro, red social…) tiene un gestor, acudir a él para denunciarlo.
  • Tener el ordenador bien protegido para evitar software malicioso que pueda extraer las contraseñas de las cuentas de correo o redes sociales.
  • Revisar y limpiar la lista de contactos de redes sociales y mensajería. Hay posibilidades de no sólo eliminar sino también de bloquear.
  • Configurar adecuadamente la privacidad en las redes sociales.
  • Hacer saber a los acosadores que lo que están haciendo es un delito y que pueden ser denunciados.
  • Para lo anterior, guardar las pruebas del acoso, y hacer saber a los acosadores que se dispone de ellas.
  • Pedir ayuda a los padres o adultos.

Siempre es mejor prevenir que curar, y por eso mi consejo es que en algún momento se hable con el hijo, con la hija, sobre lo que es el ciberbullying, las consecuencias que puede tener, y la manera en que hay que reaccionar. Pensemos que cuanto más se tarde en tomar medidas, mayor y más irreparable será el mal. Es preferible, y más sencillo, cortar de raíz.  En consecuencia, nada mejor como que el chaval sepa de qué va todo esto y de lo que hay que hacer si se da el caso. Y, atención, no pensemos sólo en el papel de las víctimas: también hay que transmitirles las consecuencias de ser acosadores. Y hacerles ver que en caso de delito –y el ciberbullying lo es– el anonimato en la Red puede desaparecer.

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