WebcamLa webcam es uno de los elementos que, junto a la conexión wifi, más se ha extendido en los ordenadores portátiles en los últimos años. Actualmente es difícil encontrar un equipo que no disponga de este dispositivo. Por lo tanto tenemos que afrontar su existencia.

No es que no sea un instrumento útil. Como ocurre en casi todo el hardware y el software, en sí las herramientas no son ni buenas ni malas o perversas. Es el que las usa el que puede tener estos calificativos. Una webcam bien empleada nos abre un abanico de posibilidades muy interesantes: familias que tienen a sus hijos estudiando en el extranjero o en otra ciudad y a los que pueden ver (saber si están gorditos o están comiendo mal, si tienen la habitación desordenada… ;) ), inmigrantes que pueden tener un contacto visual con sus familiares… Y como siempre, hay una cara b de la moneda: delincuentes que utilizan las webcam para grabar o mostrar imágenes no adecuadas, como ya hemos visto al hablar del sexting o del grooming.

La recomendación que se hacía, y se sigue haciendo, es que los adolescentes no necesitan una webcam y a ser posible es mejor que no la tengan. Pero la realidad es la que apuntábamos al principio y si su equipo es medianamente reciente, tendrá una cámara integrada. Y de cualquier modo, una webcam en el mercado se puede encontrar a partir de 10 euros aproximadamente, una cantidad asequible para un adolescente. Y una webcam de este tipo puede instalarse y desinstalarse y de este modo los padres no saber si su hijo la tiene. Evidentemente, con un poco de atención se detectaría su existencia, porque lo normal es que aunque el dispositivo no esté conectado, el software seguramente sí estará instalado.

Al igual que lo que comentábamos antes, la recomendación habitual es que el ordenador esté situado en un lugar común de la casa, pero igualmente esto hoy en día comienza a resultar difícil, porque ya son más vendidos los ordenadores portátiles que los de sobremesa, y por lo tanto se puede transportar de una habitación a otra (se da el caso de chavales que lo usan por la noche sin que los padres lo sepan). Además de que con las bajadas de precios, no es difícil encontrar a menores que tienen su propio ordenador portátil o netbook.

La conclusión es que para evitar problemas con la webcam no valen solamente las medidas de prohibición. El menor tendrá modos para saltársela. Aunque más lento, y quizás con los riesgos que implica la confianza en él (pero que es lo realmente educativo) la solución pasa por el diálogo con los hijos. Para ellos la webcam es un medio de comunicación. Recordemos que lo que engancha a los chavales en Internet no es la información, sino la comunicación. Posiblemente al hablarles de los riesgos de la webcam, ellos intenten dar la vuelta a la tortilla y decirnos que es una herramienta de protección para ellos, porque si se conectan con un contacto o un posible contacto, mediante la webcam podrán saber si realmente es quien dice ser. Y esto no es exacto. Existen medios para que cualquiera pueda conectar a la webcam una grabación y por lo tanto el menor puede estar viendo a alguien que no es realmente con quien están hablando.

El otro problema reside en las imágenes que se pueden obtener a través de la webcam de los menores. Ya hemos hablado de ello en la entrada dedicada al grooming. Incluso es posible poner en funcionamiento la webcam de nuestros hijos remotamente sin que ellos se enteren. ¿Cómo se hace esto? Normalmente por un proceso de ingeniería social. El delincuente, a través de engaños en el messenger, por ejemplo, logra que el chaval se descargue un archivo (ya hemos hablado de los enlaces que saltan en la mensajería y que tienen sus riesgos de instalar troyanos u otro tipo de programas maliciosos) y ese archivo es el que posibilita que en el momento que lo desee se active la webcam y de este modo el sujeto podrá grabar las imágenes recibidas.

Son hechos que debemos hacerles saber a los hijos e hijas. Las webcam, mal utilizadas, son una puerta abierta a decenas de problemas: sexting, grooming, ciberbullying, encuentros no deseados, pornografía infantil, chantajes…

Poniendo los pros y contras de la webcam, la balanza se inclina sin duda hacia los contras. Son más los riesgos que las ventajas. Pero como ya decimos, es difícil atajar este problema basándonos en prohibiciones. Exige otras vías. Por supuesto, en casos extremos, donde ya se sospecha que hay problemas serios, existen medios para controlar lo que nuestros hijos hacen en la webcam… hasta cierto punto. Llegada la necesidad de usar estos medios, me remito nuevamente a la obra de Mar Monsoriu “Técnicas de Hacker para padres”.

Con toda seguridad, el tema de la webcam seguirá estando presente en artículos futuros. Y como siempre, os brindo el espacio de comentarios en este foro para vuestra participación: preguntas, aportaciones, experiencias…

Y para acabar, os dejo un video de la Agencia de Protección de Datos de Noruega, donde podemos ver de manera muy gráfica una de las consecuencias de la ingenuidad de los adolescentes ante la webcam.

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