Archivo para el mes marzo, 2011

Datos personales de menores en la Red

PrivacidadEs un tema recurrente en Internet: los datos personales. Constantemente se nos está advirtiendo de la peligrosidad de exponer datos personales en la Red y constantemente los medios de comunicación nos dan muestra de las nefastas consecuencias de exponerlos. A poco que naveguemos por Internet nos damos cuenta de que con mucha frecuencia se nos piden datos personales (correo electrónico, lugar de residencia, nombre y apellidos…) para registrarnos en determinados servicios. No me detendré aquí en las precauciones que hay que tener y de las condiciones que deben tener estos servicios para solicitarnos y obtener estos datos en el caso de los adultos, pero sí lo haré con respecto a los menores.

Según datos del 2010 recogidos por el Instituto Nacional de Estadística el 87,3% de los menores españoles entre 10 y 15 años usan Internet, y el 92,1% de los menores de 15 años disponen de teléfono móvil. Es decir, están constantemente en disposición de verter datos personales de todo tipo en la Red (se incluyen entre los denominados “datos personales”, las imágenes, sea vídeo o foto).

¿Qué pasa con esos datos personales, qué tratamiento tienen? La Ley de Protección de Datos hace una distinción entre menores y mayores de 14 años. Según el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos Personales, los menores mayores de 14 años pueden consentir por sí mismos la recogida y tratamiento de sus datos personales sin el consentimiento de sus padres o tutores, mientras que para los menores de 14 años es preciso el consentimiento de sus padres o tutores. Y aún así, se prohíbe en todo caso recabar datos del menor que permitan obtener información sobre el resto de los miembros de la familia, tales como datos económicos o sociológicos.

Además, aunque sean menores mayores de 14 años, y puedan dar sus datos, conviene que sepan que quien se los recabe, además de pedirle permiso, debe advertirle para qué los va a usar y cómo cambiarlos o borrarlos si lo desean. Y todo esto con un lenguaje adecuado a su edad. Así, si el chico o chica no entiende las cláusulas que le indican, deberían negarse a dar sus datos. No hace falta recordar que muchos datos, aparentemente inocuos, pueden aportar gran cantidad de información sobre la persona, que puede ser utilizada para intenciones no muy claras.

Y también debemos hacerles conocer la importancia de respetar los datos personales de terceros. Según la Agencia Española de Protección de Datos, si subimos y etiquetamos fotografías de terceras personas a una red social y nuestro perfil no está cerrado, podemos incurrir en responsabilidad en materia de protección de datos personales. Y esto incluye si tenemos las fotos accesibles a los amigos de nuestros amigos. De nada vale proteger los datos propios (no subir fotos que pueden resultar comprometidas, por ejemplo) si los demás lo hacen por nosotros. Todos estos consejos forman parte de la educación en materia digital que debemos preocuparnos de dar a los menores.

Un aspecto importante a considerar, ya que es el dato que con más frecuencia se “regala” en Internet, es la dirección de correo electrónico. El dársela a cualquier persona o introducirla en cualquier web puede traer como resultado que esa cuenta sea objeto de spam, de correo basura, en poco tiempo. En este sentido, un consejo importante para los adolescentes (también para los adultos, por supuesto) es que dispongan de al menos dos cuentas de correo electrónico: una para usar sólo con amigos de confianza y familia, y otra u otras para inscribirse en webs que requieran proporcionar una dirección de correo. Algunos proveedores de correo disponen de herramientas para proteger la dirección principal. Tanto Hotmail (direcciones plus) como Gmail tienen disponible este mecanismo, aunque el SpamGuard de Yahoo es el más completo y seguro.

En lo que respecta a las redes sociales, ya hemos comentado en un artículo anterior las edades mínimas para acceder a una red social. Veíamos que era muy difícil comprobar la veracidad de los datos proporcionados por el menor, y así en cualquier red, aunque el mínimo legal para inscribirse (en España) sea de 14 años, encontraremos menores de dicha edad. En el caso de Tuenti, dispone de un mecanismo mediante el cual, si albergan sospechas sobre la verdadera edad de un perfil –en base a las fotos o contactos que tiene agregados– requieren del usuario que en un plazo determinado envíe una fotocopia del DNI o en caso contrario cierran esa cuenta.

Desde el portal de la Agencia Española de Protección de Datos podéis descargaros la guía de Derechos de niños y niñas y deberes de los padres y madres que nos da unas muy útiles recomendaciones sobre todo lo que hemos comentado en este artículo.

Padres y madres: “aprender” Internet

Internet no es el peligroUna vez más los medios de comunicación se han hecho eco de una de las agresiones más alarmantes que pueden ocurrirle en Internet a los menores: el grooming, es decir, el hecho de que un adulto a través de engaños se gane la confianza de los chicos o chicas para conseguir imágenes íntimas y posteriormente amenazarles y extorsionarles para seguir obteniendo fotos y videos cada vez más comprometidos. En esta ocasión el ataque vino por parte de un joven de 20 años que, según las investigaciones, llevaba desde los 17 cometiendo estos actos, hasta que una menor asturiana se atrevió a denunciar el caso.

Ya hemos alertado y hemos informado desde este blog de lo que es el grooming, de los riesgos de las webcam, del peligro de navegar sin ningún control ni supervisión en Internet… Pero casos como estos siguen y seguirán ocurriendo.

No es nuevo que los y las adolescentes tienen una percepción del riesgo mucho menor que la de un adulto. Esto no es consecuencia de Internet. Echemos un vistazo a nuestra adolescencia y veremos comportamientos que reflejan esto mismo. Sólo que entonces no había un medio con la potencia que tiene la Red. Por lo tanto el problema no está en Internet sino en las personas, menores y adultos.

Siempre pongo el mismo ejemplo: cuando decidimos tener un vehículo y conducirlo, lógicamente vamos a una academia de conducción, nos preparamos y nos examinamos. Es decir, aprendemos a manejar ese vehículo. De esa manera nos aseguramos de no correr riesgos innecesarios cuando conducimos ese coche, aunque muchas veces el peligro viene de otros conductores, claro está. Lo mismo es y tiene que ser en Internet. Y mucho más siendo padres y madres. Tenemos que preocuparnos de conocer Internet, prepararnos, navegar, asistir a charlas, cursos… Sólo de esa manera podremos educar a los menores en el buen uso de la Red. Es curioso el momento en que estamos: una generación de inmigrantes digitales responsables de enseñar a navegar de forma adecuada a la generación de nativos digitales. Una paradoja, pero es la realidad.

La suerte es que hoy en día hay multitud de medios para formarnos. En los dos últimos años han surgido muchísimos recursos en la propia Red para asesorar y orientar a los padres y madres, y también cursos y charlas en centros educativos, instituciones, asociaciones, con la misma orientación. Por lo tanto no hay excusa para no formarse y asesorarse.

Así no tiene sentido que en la actualidad haya padres y madres que permitan a sus hijos menores de 14 años tener un perfil en una red social. Incluso los hay que les ayudan a crear ese perfil. Es cierto que la presión por parte de los chicos y chicas es grande y constante (“todos mis amigos lo tienen”, “soy la única que va a quedar fuera”), pero hay que ser firmes. Es posible que lo creen ellos por otra parte, desde otro lugar (en casa de un amigo, un ciber: sitios sobran), engañando, por supuesto, al dar los datos personales (ya que si ponen la edad real no serán admitidos). Pero ello no justifica que se les llegue a autorizar, tolerar y hasta ayudar en ese perfil. Si vemos la noticia que comentábamos al principio, sabremos que gran parte de las más de 600 víctimas de este acosador eran de 12 y 13 años. Y la captación la hacía en las redes sociales. ¿Qué hacían estas niñas ahí? Algo ha fallado.

Una vez más se da un cúmulo de circunstancias que posibilitan el grooming. Las niñas tenían perfil en una red social, algo que no debería ser. Por supuesto tenían también webcam, algo no muy recomendable pero, que como ya comentamos en otra ocasión, es más difícil de controlar hoy en día en que los equipos vienen con ella incorporada. Y sobre todo, tenían intimidad para proporcionar esas grabaciones a este sujeto, lo cual lleva a pensar que el ordenador lo tenían permanentemente en su propio cuarto y que se podían conectar libremente. Y es posible que en algunos casos ellas admitiesen a desconocidos en el círculo de su red social. Digo algunos casos, porque probablemente en ocasiones él se hubiese apoderado de cuentas de amigos de las menores para hacerse pasar por ellos.

¿Qué hacer ante todo esto? Es la pregunta que se hacen muchos padres y madres que se sienten impotentes ante algo que les desborda. Pues la respuesta no es una sola, sino una combinación de medidas. No está mal usar programas de control parental pero siempre que sea de manera combinada con una supervisión personal por parte del padre y madre. No crear alarmismo en los menores, ni pensar siempre que están haciendo “cosas terribles” en Internet. Si hablamos de estos temas con naturalidad en la casa, posiblemente se logre mucho más que a base de imposiciones. Y para poder hablar hay que conocer y estar formado. Por eso, insisto, es “asignatura obligatoria” para los padres y madres navegar por Internet, crearse un perfil en alguna red social (aunque luego no la use habitualmente, pero que la conozca), asistir a charlas y cursos sobre el manejo de las herramientas de Internet y sobre la navegación segura de los menores, leer el abundante material que hay en la Red sobre esta materia… Y saber que, como en cualquier otro ámbito de la vida, siempre hay un punto de riesgo. Pero en nuestras manos está el aminorarlo.