Mapa de relaciones en TuentiUno de los temas más polémicos cuando surge el debate sobre redes sociales sí-redes sociales no, es la cantidad de amigos. El que más y el que menos se asusta cuando se entera de que un adolescente tiene 200 o más amigos agregados en su Tuenti. O al menos, llama la atención. Porque la pregunta es si realmente es posible tener y mantener tantos amigos y si realmente conoce a todos esos supuestos amigos.

En la vida real, según algunos estudiosos como Robin Dunbar, profesor de antropología ejecutiva de la Universidad de Oxford, el límite de amigos que puede manejar nuestro cerebro es de 150. Se refiere a las relaciones con personas que nos importan y con las que mantenemos contacto al menos una vez al año. A partir de ese número, la cohesión social comienza a deteriorarse. Precisamente este número se conoce ya como “número de Dunbar”. Y según el reciente estudio sobre el conocimiento y uso de las Redes Sociales en España el número promedio de amigos en Tuenti es de 126, con lo cual no nos alejamos mucho del número de Dunbar. Por lo tanto, no hay que generalizar esa creencia de adolescentes con miles de amigos. Aunque por supuesto que sí existen, pero no lo pongamos como paradigma.

Esto no obvia que inculquemos a los menores la necesidad de ser precavidos a la hora de aceptar “amistades” en Tuenti. Que 150 sea ese número de referencia, no significa que sea “obligatorio” tener esa cantidad. La norma debe ser, en lo que se refiere a menores, que acepten sólo a personas que conocen realmente. Recalco lo de “menores” porque en el caso de los adultos, el uso de las redes sociales puede tener otras funciones como la de instrumento de trabajo e intercambio de información, por lo que con frecuencia se incluyen entre los contactos a personas que no se conocen personalmente pero con la que se comparten intereses comunes, bien sea profesionales o de ocio. Además los adultos solemos usar las redes sociales para relacionarnos con personas que no vemos regularmente por vivir lejos, o para recuperar contactos perdidos con el tiempo. En cambio los adolescentes suelen usarlo para comunicarse con las personas que suelen ver a diario.

E incluso los adolescentes que tienen 300, 500 o 1000 contactos, casi con toda probabilidad sólo mantienen contacto regular con una mínima cantidad de ellos, seguramente el mismo número que el que sólo tiene 40 contactos. Así pues el problema más habitual de ese número no es tanto la relación que pueda tener con personas desconocidas (que en casos puntuales por supuesto que es un riesgo) sino que una vez admitidas en su círculo, esas personas tienen acceso a sus datos personales, sus fotos, su lista de contactos, sus comentarios… Ahí es donde reside el mayor peligro, ya que puede derivar, por ejemplo, en el uso de sus fotos para fines no muy apropiados, o la utilización de sus datos personales para actividades poco recomendables.

Por eso el consejo a los menores debe ir encaminado en un doble sentido: por una parte no admitir a personas que no conocen (porque podrán acceder a sus datos) y por otra parte que tengan precaución con lo que publican en sus perfiles. Fotos aparentemente inocentes o que en un contexto normal no tienen mayor importancia (una foto en bañador, por ejemplo), sacada fuera de contexto (colgada en una web de pedofilia por poner un ejemplo), puede adquirir otro sentido. O publicada en un foro acompañada de comentarios soeces y expuesta a comentarios de terceros. Éste es el peligro más habitual de las conductas equivocadas en las redes sociales. Por supuesto, también el peligro de los engaños de esos contactos haciéndose pasar por quienes no son e incitándoles a enviarles fotos o videos subidos de tono o sometiéndoles a chantajes, como ya vimos en el artículo dedicado al grooming.

Para resumir, quedarnos con la idea de que no es tan habitual que los adolescentes tengan cientos y cientos de contactos y que el mayor riesgo de grandes cantidades de “amigos” es la difusión incontrolada de información personal.

Pero una vez más, reconocer que las redes sociales son un lugar lleno también de oportunidades para menores y adultos, que pueden hacer nuestra vida mejor y que además no podemos substraernos a su presencia en las relaciones sociales. Se trata de ser más proactivos que reactivos, y eso exige un “poquitín” de esfuerzo. Pero esto forma parte también de la labor de ser padre y madre ¿o no es así?

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