Menores en red

¿A qué edad debe un menor empezar a usar un smartphone?

¿A qué edad debe un menor empezar a usar un smartphone?

¿A qué edad debe un menor empezar a usar un smartphone? Es el gran interrogante de muchas familias que se sienten presionadas y desorientadas ante esta decisión que en un momento u otro han de tomar.

No existen recetarios que nos indiquen a qué edad exacta debemos comprarle el teléfono móvil a nuestros hijos. La pedagogía no es una ciencia matemática. Sí existen estudios que nos pueden orientar de en torno a qué edad es lo más apropiado, pero en cualquier caso depende de muchas circunstancias: la madurez del menor, el contexto familiar, el lugar de residencia…

Si buscas en Internet acerca de este tema, verás que las edades que nos indican van en general de los 10 a los 13 años. Pero lo cierto es que las recomendaciones van por un lado y la realidad por otro. Es difícil lidiar con un preadolescente que nos pide día sí y día también que le compremos un teléfono móvil “igual que sus amigos”.

Partamos de un hecho: el smartphone no es más que una herramienta para acceder a Internet. Igual que hace unos años era el ordenador de sobremesa y después el ordenador portátil, ahora el acceso se realiza a través de los teléfonos inteligentes que, además, también sirven para realizar llamadas telefónicas (¡casi lo habíamos olvidado!). E Internet es ahora ya algo imprescindible, por mucho que algunos padres y madres se nieguen a reconocer. El autoexcluirse no va a ayudar a mejorar la educación digital de sus hijos. No vale la política del avestruz.

Cuanto antes se inicien en el uso de Internet, mejor les irá a los menores. El que un niño-a de 5 años sepa usar una tableta no es necesariamente malo como muchos nos quieren hacer ver. Lo que ocurre es que los menores tenderán a usar la Red para lo que les conviene, es decir, fundamentalmente para las relaciones sociales y para el entretenimiento. Corresponde a los adultos el incentivarlos para que aprendan a usar estas herramientas de forma más provechosa y segura.

Volvemos entonces a la pregunta inicial: ¿a qué edad debe un menor empezar a usar un smartphone? Pues, aunque muchos se lleven las manos a la cabeza, yo considero que cuanto antes. Y ahora vienen las matizaciones.

Usar un smartphone no quiere decir poseer un smartphone. Un niño o niña de 7 años puede usar un teléfono inteligente en momentos puntuales, pero no disponer de ese teléfono permanentemente. La palabra adecuada quizás sea que se les debe “prestar” un smartphone. Esto implica, además, el enseñárselo a usar, el guiarle en el uso de las aplicaciones, el crear un clima de confianza en la familia para que no necesite ocultar nada de lo que hace con ese terminal, el hacerle responsable de su consumo, el hacerle ver en qué momentos se puede usar y en qué momentos no y por cuánto tiempo.

Quizás en el momento en que pasan de la escuela al instituto, de la primaria a la secundaria (alrededor de los 12 años) sea el momento ideal para que tengan ya en propiedad un smartphone, si es que han dado muestras anteriormente, con ese terminal “prestado”, de un uso correcto y equilibrado. Es en esa edad cuando ya necesita formar grupo con sus compañeros, que se comunican ya a través de aplicaciones (ahora mayoritariamente WhatsApp, pero en el futuro puede ser otra). El teléfono inteligente, que hasta entonces tenía fundamentalmente una función lúdica, pasa a jugar ahora una función social. Y si hemos seguido un proceso educativo correcto en los años anteriores, deberíamos tener ya la confianza necesaria para saber que va a hacer un buen uso del teléfono. Lo que no implica, claro está, que descuidemos su control –no intrusivo—.

Es antes de la pre adolescencia cuando los menores son más permeables a las enseñanzas recibidas en casa, y por eso es importantísimo aprovechar esta etapa para educar al niño o niña en la manera de usar Internet, no sólo el smartphone, que a fin de cuentas es uno más –el más importante, sí, pero no el único— de los instrumentos de acceso a la Red.

Es antes de los 12 años cuando debemos hacerles comprender –todo lo contrario a imponer—la importancia de la propia imagen, los riesgos de los contactos desconocidos que pueden encontrar en Internet, las vulnerabilidades del teléfono móvil y sus consecuencias, el coste de uso de sus servicios.

Intentar hacer todo esto a partir de los 12 años es bastante más difícil, porque la influencia de sus compañeros y amigos, su grupo, pesará más que la opinión de padres y madres. Habremos perdido un tiempo precioso.

Mi consejo es que, en la infancia, antes de la pre adolescencia, puedan usar smartphones y tabletas, pero a modo de “préstamo”. En el caso de los smartphones, con usos tutelados y usos puntuales. Eso presupone que padres y madres tienen destrezas en su uso, para poder guiarles, por supuesto.

Y a partir de los 12 años, aún teniendo teléfono propio, recomiendo que se hagan responsables del gasto que ocasionen. En este caso, las tarifas prepago ayudan a un mayor autocontrol por parte del menor, pero el contrato también ayuda a los padres y madres a controlar mejor el gasto y los usos que hace (los números a que llama, los minutos de conexión, etc.). En esas edades también hay que seguir manteniendo una supervisión de su uso, pero –insisto—dentro de un clima familiar que ayude a que ellos y ellas confíen en los adultos para cualquier problema que pueda surgir en torno al uso de la Red. En estos casos el control excesivo, la intromisión en la intimidad y la prohibición son totalmente contraproducentes.

Evidentemente todo esto supone un esfuerzo para los padres y madres, pero es que educar es un esfuerzo, y las tecnologías de la información y la comunicación –hablando vulgarmente, Internet—no son un hobby o un juego, sino que forman parte de la educación de los menores, y el que se formen adecuadamente es algo imprescindible para su vida actual y futura y les abrirá muchas más puertas en su formación y su desarrollo personal. Y eso es lo que deseamos como padres y madres ¿o no?

Fotografía superior de Shaun Murphy

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