Archivo

Móvil y menores

Adicción de los adolescentes al móvil

Mucho se habla de la adicción de los adolescentes a Internet, algo de lo que ya hemos hablado en el pasado artículo. Sin embargo, otra característica de los menores hoy en día es su dependencia del teléfono móvil. Cada vez son más los chavales que tienen su propio móvil y cada vez son más sofisticados y con más funcionalidades aparte de las llamadas y los sms. Recurriendo al Estudio sobre hábitos seguros en el uso de smartphones por los niños y adolescentes españoles, elaborado por INTECO y Orange, vemos que la edad media de inicio en el uso de la telefonía móvil se sitúa entre los 10 y 12 años. Y el 25%, estimativamente, de los usuarios entre 10 y 15 años usan smartphones. Y este patrón se repite no sólo en España sino también en los países latinoamericanos en mayor o menor medida. Las compañías telefónicas han descubierto este goloso nicho de mercado y se han lanzado a la captación de clientes menores a través de tarifas de datos más accesibles y terminales inteligentes (las Blackberry se han vuelto muy populares y no digamos ya en Latinoamérica).

Si hace un año o poco más, lo habitual era que los adolescentes estuvieran siempre pendientes de las llamadas del móvil o del envío o recepción de sms, hoy lo son más la mensajería instantánea (como WhatsApp) y el acceso a las redes sociales a través de los mismos dispositivos. Si a esto le unimos que pueden tomar fotos y videos y compartirlos en el mismo momento a través de la Red, los smartphones se convierten en una herramienta completísima, pero con sus riesgos también.

En general los consejos dados en este blog acerca de la navegación segura de los menores en la Red, son igualmente válidos para el uso de los teléfonos móviles: cuidado con las imágenes que se trasmiten (sexting) y posibles riesgos de ciberbullying, precaución con las estafas económicas (en forma de descargas de tonos, aplicaciones…).

Sin embargo, quiero referirme en este artículo al riesgo de la adicción. Dicen los expertos que los niños y niñas desarrollan antes la parte del cerebro que controla la coordinación y el movimiento, mientras que el área dedicada al juicio, el control del comportamiento y la organización está mucho menos desarrollada. Esto hace que los adolescentes sean más proclives a la búsqueda de sensaciones fuertes y un comportamiento compulsivo. Por lo tanto, es más fácil que caigan en una adicción tecnológica.

Como siempre, hay que ser cautelosos, diferenciando entre la adicción y el uso excesivo. Al igual que cuando hablamos de Internet, la adicción se caracteriza por una serie de comportamientos del menor:

  • Uso excesivo del móvil.
  • Necesidad de estar a la última en los terminales.
  • Mentiras en el seno familiar acerca del uso del móvil.
  • Disminución del rendimiento escolar.
  • Uso del móvil en todo momento, sin importar si está en clase, en la comida, o haciendo deporte.
  • Disminución de la comunicación con el resto de la familia.
  • Gasto excesivo en la factura del móvil a causa de descargas de juegos, canciones, etc.

Como bien señala el psicólogo experto en el tratamiento de adicciones, Alberto Beltrán (Centro Municipal de Atención y Prevención a las Adicciones de Zaragoza), “a la hora de encarar un problema de este tipo con un menor, hay que preocuparse no por el uso que le da al móvil, sino por lo que deja de hacer”.

Y ¿cómo actuar ante los síntomas de un problema de este tipo? Pues lo primero es dar ejemplo. Mal puede cambiar su conducta un hijo que ve a su madre o su padre usando el móvil durante la comida o mientras conduce. También es preferible que tengan tarjeta prepago, ya que ayuda a controlar los gastos. Son varias las compañías telefónicas que tienen sistemas de control del gasto, muchas veces pensando en estas franjas de edad. Y por supuesto, lo que siempre repetimos: hablar con ellos, en el momento oportuno, intentando llegar a un consenso. No será un momento oportuno cuando tenemos una discusión sobre este tema. Es mejor esperar a que las dos partes estén tranquilas, para charlar, no con el objetivo tanto de prohibir, como de marcar límites.

Finalizo también con una reflexión: ¿necesita un menor de 10 años un teléfono móvil? Y en caso de que lo tenga, ¿tiene que ser un smartphone que le abre las puertas libremente a Internet, mensajería, redes sociales…? Al igual que con el ordenador, creo que padres y madres también deberían preocuparse y estar al tanto de cómo emplea su hijo o hija el teléfono y qué aplicaciones tiene instaladas.

Tu comentario/O teu comentario