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Trolls

Adolescentes y trolls

En alguna ocasión hemos hablado en este blog de los “trolls”, usuarios de servicios de Internet que se dedican a provocar polémica y enfrentamientos en la Red. Si hemos navegado un poco, los habremos encontrado en multitud de foros, en las propias redes sociales o en comentarios vertidos en Youtube, blogs y noticias periodísticas. Suelen crear un mal ambiente y provocar reacciones y actitudes extremas en el resto de usuarios.

Regular este tipo de actuaciones no es un tema sencillo y las medidas que muchas veces se sugiere adoptar pueden afectar a conceptos que hoy por hoy son inseparables de Internet: la libertad de expresión, la transparencia, la accesibilidad y el derecho al anonimato. Pero precisamente este halo de anonimato hace que una persona que habitualmente no insultaría a un desconocido en la calle, no tenga reparos en hacerlo en Internet.

No cabe duda de que la potencialidad de Internet reside precisamente en la posibilidad que abre a todo el mundo de participar en igualdad de condiciones. De hecho es habitual que confiemos más en las opiniones de otros navegantes que en mensajes de empresas o instituciones. De ahí viene el éxito de las webs dedicadas a publicar opiniones de los usuarios sobre determinados productos o servicios.

Pero la parte negativa es que permitir esta participación también posibilita abusos y malos usos de esta herramienta. Una de ellas, no la única, es que permite el acceso a los trolls. Por lo tanto es un difícil equilibrio y no es de fácil solución. Es por eso que las redes sociales son cada vez más reacias al anonimato y más proclives a que los usuarios utilicen sus identidades reales y con frecuencia cierran perfiles de individuos que realizan prácticas abusivas.

Por sus propias características no es difícil que los adolescentes se embarquen en algún momento en estas prácticas. Normalmente no pasa de un vocabulario inapropiado o unas provocaciones gratuitas. Pero en ocasiones llegan más lejos y rozan o entran de lleno en el ciberbullying y en el acoso. A veces no se dan cuenta de la gravedad de las consecuencias de lo que están haciendo y se sienten amparados por un aparente anonimato. Digo “aparente anonimato” porque llegado un punto nadie es anónimo en la Red. De hecho hace unos días saltó a los medios la noticia de que el Tribunal Superior de Reino Unido obliga a Facebook a facilitarle las IP y datos de acceso de usuarios que usan la red para difamar a terceras personas. Y hace ya más tiempo se conoció el caso de un joven de 25 años sentenciado a prisión por dedicarse a burlarse de varios adolescentes que se habían suicidado o habían muerto.

A los menores hay que inculcarles que el buen comportamiento y las normas de educación y cortesía han de extenderse también a la Red. Ya hemos hablado en otras ocasiones de las normas de netiqueta y a ellas me vuelvo a remitir. Hay que hablar con ellos y hacerles ver que lo que no parece más que una “travesura” puede desembocar en algo más grave o simplemente ensuciar la Red y hacer que otros usuarios se sientan incómodos.

No veamos por esto la Red como un medio lleno de peligros y amenazas. Las hay como en cualquier otro lugar, pero no es mayoría. Precisamente ayer viendo los miles y miles de personas que llenaban las playas coruñesas celebrando con hogueras, comida y bebida la noche de San Juan, reflexionaba sobre lo minoritario de los malos comportamientos de esta fiesta. Los había, por supuesto, pero no suponían ni el 1 por ciento de las personas que allí estaban. Pero son los que destacan y sobresalen. Pues lo mismo sucede con Internet: hay “malos” pero son una ínfima cantidad entre los millones y millones de usuarios. Conversando y educando a nuestros hijos e hijas lograremos que sepan comportarse adecuadamente ellos mismos y sepan también reaccionar ante estas amenazas.

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