Menores en red

Adolescencia e Internet

El conflicto no es Internet: es la adolescencia

No soy muy partidario de relacionar conflicto, Internet y adolescencia, pero la realidad es tozuda y ella misma conecta estos tres términos con mucha frecuencia. Programar una charla o conferencia sobre los menores e Internet automáticamente trae a la mente de padres y madres una charla sobres los riesgos que Internet conlleva para los adolescentes: problemas de privacidad, difusión de imágenes, adicción, acoso, chantajes, ciberbullying… Todos ellos términos con carga negativa que se asocian con Internet. Los medios de comunicación también aportan su “granito de arena” a reforzar esta imagen de los adolescentes en la Red. No precisamos ningún estudio estadístico para comprobar que cuando salta a los titulares de la prensa o televisión alguna noticia relacionada con Internet y los adolescentes, lo hace asociada a riesgos, delitos y conflictos. Lo compruebo cada semana, porque personalmente tengo creada una alerta en Google sobre noticias relacionadas con Internet y menores y el resumen que me llega todos los viernes está formado en un 90% por noticias acerca de abusos de menores, engaños a través de la Red, aplicaciones maliciosas o peligrosas usadas por los adolescentes, problemas con distribución de imágenes…

Efectivamente no son inventos ni son noticias falsas. Pero son millones los adolescentes que usan Internet día a día, y sólo una ínfima parte de esos millones tiene problemas serios en el uso de la Red. Se puede decir, por ejemplo, que un 21% de menores tiene problemas de conducta adictiva en Internet. Pero ¿no sería mejor decir que un 79% de menores no tiene problemas de conducta adictiva en Internet? Los mismos números, pero con distinta percepción. Porque lo habitual es que los adolescentes no tengan problemas graves en su uso cotidiano de Internet.

En las charlas que imparto a padres y madres me gusta comenzar hablando en positivo, porque Internet es algo positivo, una herramienta utilísima, con un potencial increíble. Y por supuesto que también hablo de los riesgos y de las maneras de minimizarlos y prevenirlos.

No cabe duda de que como consecuencia de las noticias de corte negativo que relacionan Internet y menores, muchos padres y madres se construyen una imagen de la Red como un instrumento muy dañino. A partir de esta construcción, plagada de prejuicios, es lógico que la relación con sus hijos e hijas en lo que atañe a este tema, va a resultar llena de conflictos.

Cambiar esta idea es algo tan sencillo como reflexionar sobre un hecho que no es nada novedoso: la adolescencia es una edad conflictiva desde siempre. Es la edad en que los menores forjan su identidad, la edad en que sus hormonas están en ebullición, que se producen cambios físicos, la edad en la que la opinión de sus iguales pesa mucho más que la de sus padres. ¿Tiene esto algo que ver con Internet? En absoluto. Todos hemos sido así. No hay otra manera de madurar.

La complicación de Internet en estas edades es consecuencia de las propias características de la adolescencia –como señalamos arriba– y el hecho frecuente de que muchos chicos y chicas llegan a ella sin formación en el uso correcto de la Red.

Es por ello que con frecuencia insisto en que los niños y niñas deben comenzar a usar Internet cuanto antes, pero siempre con control y supervisión paterna. Las edades anteriores a la adolescencia son las ideales para empezar a educarles en el buen uso de la Red, para comenzar a explicarles los riesgos asociados, las normas de conducta, para comenzar a usar Internet en familia, para crear confianza en sus padres y madres… Y esto conlleva una exigencia de estar al día, de hacer el esfuerzo para aprender su uso, para documentarse, para de esta manera poder ser un referente para los menores. Esperar a los 13 o 14 años para que los niños se inicien en su uso sólo puede acarrear más problemas, porque no serán tan receptivos a nuestros consejos y no estarán dispuestos a compartir sus actividades en la Red con nosotros. Además, si les hemos prohibido usar Internet en nuestra presencia, podéis dar por seguro de que se habrán iniciado a escondidas y, por lo tanto, sin ninguna supervisión ni control. Si han tenido problemas en su uso podéis tener la certeza de que no os habrán consultado nada por miedo a la reprimenda.

Y ojo, que no se me interprete mal. El que se inicien en su uso a edades tempranas no quiere decir que tengan un dispositivo propio. Pueden utilizar el smartphone o la tableta de sus padres, o una de uso familiar. Y tampoco quiere decir un consumo indiscriminado, sino bajo una supervisión, tanto de las herramientas que emplean como del tiempo que le dedican. Usando la conocida expresión del código civil español –que, por cierto, siempre me ha hecho mucha gracia– hay que aplicar la “diligencia propia de un buen padre de familia” y por lo tanto preocuparse de conocer las aplicaciones más populares, las más educativas, también –por qué no– las más atractivas, las normas de conducta en la Red y las precauciones relativas a la seguridad y la privacidad. Ah, y tampoco estoy diciendo que se les permita registrarse en una red social a los 10 años, por supuesto.

Resumiendo: achacar a Internet los problemas de la adolescencia no es más que fruto de un prejuicio y un desconocimiento del potencial y de las posibilidades de la Red. El problema, de existir, se debe achacar a la propia etapa de la adolescencia. Los posibles conflictos derivados del uso de Internet no son más que un reflejo, como otros muchos, de la evolución del adolescente. Por eso me mantengo en la creencia de que comenzar a usar Internet en edades tempranas ayuda a prevenir problemas futuros. Y también sería muy conveniente que la propia escuela, en sus diseños curriculares, incorporara de manera efectiva la enseñanza del manejo de Internet. Pero eso será tema de otro artículo.

Fotografía superior de Nicola

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