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Datos personales de menores en la Red

Es un tema recurrente en Internet: los datos personales. Constantemente se nos está advirtiendo de la peligrosidad de exponer datos personales en la Red y constantemente los medios de comunicación nos dan muestra de las nefastas consecuencias de exponerlos. A poco que naveguemos por Internet nos damos cuenta de que con mucha frecuencia se nos piden datos personales (correo electrónico, lugar de residencia, nombre y apellidos…) para registrarnos en determinados servicios. No me detendré aquí en las precauciones que hay que tener y de las condiciones que deben tener estos servicios para solicitarnos y obtener estos datos en el caso de los adultos, pero sí lo haré con respecto a los menores.

Según datos del 2010 recogidos por el Instituto Nacional de Estadística el 87,3% de los menores españoles entre 10 y 15 años usan Internet, y el 92,1% de los menores de 15 años disponen de teléfono móvil. Es decir, están constantemente en disposición de verter datos personales de todo tipo en la Red (se incluyen entre los denominados “datos personales”, las imágenes, sea vídeo o foto).

¿Qué pasa con esos datos personales, qué tratamiento tienen? La Ley de Protección de Datos hace una distinción entre menores y mayores de 14 años. Según el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos Personales, los menores mayores de 14 años pueden consentir por sí mismos la recogida y tratamiento de sus datos personales sin el consentimiento de sus padres o tutores, mientras que para los menores de 14 años es preciso el consentimiento de sus padres o tutores. Y aún así, se prohíbe en todo caso recabar datos del menor que permitan obtener información sobre el resto de los miembros de la familia, tales como datos económicos o sociológicos.

Además, aunque sean menores mayores de 14 años, y puedan dar sus datos, conviene que sepan que quien se los recabe, además de pedirle permiso, debe advertirle para qué los va a usar y cómo cambiarlos o borrarlos si lo desean. Y todo esto con un lenguaje adecuado a su edad. Así, si el chico o chica no entiende las cláusulas que le indican, deberían negarse a dar sus datos. No hace falta recordar que muchos datos, aparentemente inocuos, pueden aportar gran cantidad de información sobre la persona, que puede ser utilizada para intenciones no muy claras.

Y también debemos hacerles conocer la importancia de respetar los datos personales de terceros. Según la Agencia Española de Protección de Datos, si subimos y etiquetamos fotografías de terceras personas a una red social y nuestro perfil no está cerrado, podemos incurrir en responsabilidad en materia de protección de datos personales. Y esto incluye si tenemos las fotos accesibles a los amigos de nuestros amigos. De nada vale proteger los datos propios (no subir fotos que pueden resultar comprometidas, por ejemplo) si los demás lo hacen por nosotros. Todos estos consejos forman parte de la educación en materia digital que debemos preocuparnos de dar a los menores.

Un aspecto importante a considerar, ya que es el dato que con más frecuencia se “regala” en Internet, es la dirección de correo electrónico. El dársela a cualquier persona o introducirla en cualquier web puede traer como resultado que esa cuenta sea objeto de spam, de correo basura, en poco tiempo. En este sentido, un consejo importante para los adolescentes (también para los adultos, por supuesto) es que dispongan de al menos dos cuentas de correo electrónico: una para usar sólo con amigos de confianza y familia, y otra u otras para inscribirse en webs que requieran proporcionar una dirección de correo. Algunos proveedores de correo disponen de herramientas para proteger la dirección principal. Tanto Hotmail (direcciones plus) como Gmail tienen disponible este mecanismo, aunque el SpamGuard de Yahoo es el más completo y seguro.

En lo que respecta a las redes sociales, ya hemos comentado en un artículo anterior las edades mínimas para acceder a una red social. Veíamos que era muy difícil comprobar la veracidad de los datos proporcionados por el menor, y así en cualquier red, aunque el mínimo legal para inscribirse (en España) sea de 14 años, encontraremos menores de dicha edad. En el caso de Tuenti, dispone de un mecanismo mediante el cual, si albergan sospechas sobre la verdadera edad de un perfil –en base a las fotos o contactos que tiene agregados– requieren del usuario que en un plazo determinado envíe una fotocopia del DNI o en caso contrario cierran esa cuenta.

Desde el portal de la Agencia Española de Protección de Datos podéis descargaros la guía de Derechos de niños y niñas y deberes de los padres y madres que nos da unas muy útiles recomendaciones sobre todo lo que hemos comentado en este artículo.

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