Menores en red

Fenómeno youtubers y adolescentes

El fenómeno youtubers y los adolescentes

El fenómeno youtubers y los adolescentes es un tema que con frecuencia me consultan padres y madres porque es algo que les preocupa. Sin embargo, aunque el movimiento de los youtubers es novedoso en el sentido del medio, no lo es en su esencia. Contenidos banales pero virales se dieron siempre a lo largo de la historia. Quizás muchos de los que leen ahora este artículo, vibraron hace veinte años (¡sí, veinte años!) al ritmo de las Spice Girls o los Backstreet Boys. Y está claro que sus letras no pasarán a los anales de la historia de la música. O más recientemente el fenómeno Chikilicuatre o el Gangnam Style. Los youtubers actuales, los que están triunfando entre los adolescentes, tampoco van hacer historia y sus nombres no dirán nada a nadie dentro de unos años. Y sin embargo ahora mismo para los adolescentes son verdaderos ídolos, reemplazando incluso en popularidad –quien lo diría hace unos años– a futbolistas y cantantes.

¿Cuál es la razón? Ninguna distinta a la de los fenómenos anteriores. Los adolescentes siempre desarrollaron una cultura lateral, no coincidente con la de sus mayores. Frecuentemente sus gustos no fueron coincidentes con los de sus padres y madres, tanto si hablamos de moda, como de música, de estilo de vida, de programas de televisión… Por lo tanto, criticar este gusto por lo que hacen y lo que son los youtubers, es repetir los esquemas de toda la vida. La “cultura” critica a la “subcultura”.

Dejando aparte los contenidos, tenemos que ser conscientes de que la forma de interactuar los adolescentes con sus ídolos ha cambiado. Hasta no hace mucho, la televisión tenía el monopolio a la hora de ensalzar o derribar a una estrella. Con la llegada en los últimos años de las redes sociales –y no me refiero sólo a las clásicas de Facebook o Twitter– con todas sus variantes, y con su uso a través de los móviles, cada vez más generalizados entre los adolescentes, son ellos mismos los que crean y descubren a sus ídolos directamente. En este sentido estamos asistiendo a una democratización de la cultura, y nos guste o no, es el reflejo de nuestra sociedad y de las distintas franjas de edad que en ella conviven. El que un adolescente “de a pie” logre tener millones de fieles seguidores, sin necesidad de negociar con directores de cadenas, sin necesidad de inversiones millonarias, superando a escritores, actores y cantantes, es algo que duele a buena parte de nuestra sociedad. Ya quisieran muchos “grandes creadores” tener los seguidores que tiene el youtuber chileno Germán Garmendia (casi 28 millones, muchísimo más que la población de países como Australia, Chile o Ecuador). Y eso es algo que cuesta asimilar a una sociedad aún acostumbrada a desarrollarse bajo los clichés de los grandes medios de comunicación, donde el capital económico juega un papel fundamental, y que son los encargados de filtrar lo que el público va a consumir. Las reglas de juego han cambiado, para bien y para mal.

Con esto quiero decir que la atracción por lo banal no es algo nuevo de esta época. Sucedió siempre, sólo que las estructuras sociales no permitían que emergieran y que se dieran a conocer. La web 2.0 ha permitido esto, y no debemos alarmarnos: que los chavales y chavalas idolatren a estos jóvenes youtubers, no quiere decir que sean ensalzados ya eternamente y que esa banalidad se perpetúe en sus vidas. Son etapas evolutivas, donde entra la fuerza del grupo, la rebeldía, la necesidad de autoafirmarse, la construcción de su identidad…

Las “chorradas” que escuchamos a los youtubers, y que tanto nos escandalizan, no son –en muchos casos– distintas a las de nuestros hijos e hijas cuando están con su pandilla. Ocurre que a los adultos les ha cogido por sorpresa la fuerza con que ha emergido este medio y las nuevas dinámicas comunicativas que aporta.

Creo que la postura más correcta ante este fenómeno por parte de los adultos que son responsables de menores, es, lo primero, conocerlo directamente antes de empezar a criticarlo. Darse cuenta de que son formas de expresión que, como antes he comentado, tampoco difieren tanto de las que usan los menores habitualmente en su medio. Sólo que verlas reproducidas masivamente nos asusta. Y claro que a veces, aparte de la forma de expresión, los contenidos pueden ser reprobables, pero lo mismo que lo son, por poner un ejemplo, el mensaje de muchas canciones o las letras del reggaeton. Debemos, como siempre, educar en valores a nuestros hijos e hijas, y eso no lo vamos a lograr prohibiéndoles seguir a estos youtubers o criticándolos constantemente. Sí será más efectivo hablar con ellos, con toda tranquilidad y normalidad, de los contenidos –si es que los consideramos perjudiciales– usando la razón para hacerles ver lo que nos parece bueno y lo que nos parece malo. Es decir, no imponerles nuestra visión del bien y del mal, sino educarlos en el difícil arte del discernimiento.

Y veamos también lo positivo de este fenómeno youtuber. Si eres educador/a debes aprender a usar las mismas herramientas que ellos, si realmente quieres crear contenidos en Internet que lleguen a los adolescentes. Sus recursos, sus giros expresivos, sus planos, sus efectos forman parte de un escenario que será muy útil para usar con otro tipo de contenidos. Lo que no podemos hacer es usar canales de comunicación con un impresionante potencial, como es YouTube, para seguir utilizando los arcaicos métodos de clases magistrales y unidireccionales. Eso sí que está condenado al fracaso.

De cualquier manera, en YouTube existe también muchísimo contenido de calidad creado por jóvenes. Un ejemplo son los Booktubers, como Abriendo libros, LibritisCronica, Fly like a butterfly. Son jóvenes que utilizan su canal de YouTube para recomendar lecturas y presentar libros. No tienen la cantidad de seguidores de Elrubius, HolaSoyGerman, Vegetta777 o Wismichu, pero forman parte de este nuevo medio de expresión (quizás ya no tan nuevo). Y también hay que reseñar la implicación de algunos youtubers en campañas de tipo social o ambiental, o la toma de conciencia de muchas instituciones –la Iglesia Católica entre ellas– en la importancia de los youtubers como avance hacia un mundo mejor. Los famosos youtubers, con millones de seguidores, es lo que sale a la luz de forma masiva y lo que preocupa a muchos padres y madres, pero lo cierto es que no son más que la punta del iceberg, porque son muchos más los adolescentes que realmente crean productos de calidad en YouTube, y que también tienen sus seguidores. Quizás el papel como padres y madres es no dejar escandalizarse por el enorme seguimiento que se hace a estos youtubers con contenidos de poco valor, pero de atractiva factura audiovisual, y centrar la atención en el resto de material, creado también por jóvenes, que puebla la mayoría de la red.

De lo que se habla es de los youtubers con millones de seguidores y la repercusión que los medios de comunicación tradicionales les dan. Pero como padres y madres debemos enseñar a los hijos a tener un sentido crítico y saber distinguir la calidad tanto en la forma como en el contenido. Y lo mismo que hay libros, películas y canciones de dudosa calidad en factura y en fondo, y no por eso dejamos de leer, ir al cine o escuchar música, igualmente debemos hacer con YouTube.

Concluyendo: debemos estar alerta al fenómeno de los millonarios youtubers, pero no dejarnos influenciar por lo que oímos. Os animo a entrar en sus canales, igual que en los canales de otros jóvenes con otros contenidos. Sólo desde esta perspectiva podemos hablar de tú a tú con nuestros hijos e hijas, en un ambiente amigable, racional, sin prejuicios, analizando sus contenidos, los temas que son criticables y también aquellos de los que se desprenden valores. Pero en ningún caso descalificar gratuitamente ni, por supuesto, prohibir. Una ciudadanía adulta y crítica se construye desde el diálogo y la educación, no desde la prohibición.

Fotografía superior de Lily Monster

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