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Grooming

El grooming

Días atrás, el fiscal de delitos tecnológicos de la Fiscalía de Barcelona alertaba sobre el considerable aumento de casos de acoso a los menores por Internet. Y este acoso es consecuencia, en la mayoría de los casos, de la propia imprudencia de los chicos.

El amplio uso de las redes sociales por parte de los adolescentes está en el origen de estos delitos. Los chavales compiten por ser los que más amigos y amigas tienen en la Red, porque eso indicará su grado de “popularidad”. He visto casos de chicas que tenían hasta 4000 amigos en su perfil. Lógicamente no los conocen a todos, y al aceptar a extraños en su red, le abren la puerta a su perfil con lo que eso comporta: fotos, comentarios, videos, datos personales… Y hay muchos “profesionales” del acoso que utilizan estos datos para posteriormente acosar y chantajear al menor. Se van ganando su confianza, para que de manera voluntaria le vaya enviando fotos cada vez más íntimas, hasta que llegado un momento comienzan a extorsionarles, exigiéndoles más imágenes o encuentros personales o incluso dinero, o en caso contrario les amenazan con difundir los archivos recibidos entre sus amigos o familiares. Es lo que se conoce como grooming.

Precisamente en estos días la Oficina del Defensor del Pueblo y UNICEF acaban de presentar el informe monográfico sobre menores y contenidos en televisión e Internet, que revela que el 42% de los niños encuestados tiene amigos a los que sólo conoce a través de Internet, y que son las niñas las que más contacto establecen con desconocidos, mientras que los niños son más prudentes a la hora de colgar información.

El caso es que, a pesar de las continuas noticias que nos hablan de desmantelamiento de redes de pornografía infantil, es algo que sigue presente en la Red. Una vez más tengo que insistir en no culpar a Internet de esta lacra. La pornografía infantil ha existido siempre, los pederastas también. Lo que ocurre es que ahora tienen medios que antes no tenían, bien para acercarse a los menores desde el anonimato, bien para difundir el material conseguido o incluso para compartir con otros sujetos con los mismos vicios trucos, material, experiencias.

Mucha de la pornografía infantil tiene su origen en la explotación y abuso de menores en determinados países donde el control o la legislación son más laxos. Pero otro gran porcentaje de estas imágenes provienen de los propios menores que por imprudencia, inconsciencia e ingenuidad difunden sus propias imágenes a través de Internet.

Lo que en principio comienza como un pequeño juego prohibido de compartir imágenes íntimas con supuestos amigos o amigas de su misma edad, acaba en un chantaje por parte de un adulto que les obliga a fotos o videos cada vez más atrevidos. Videos e imágenes que acaban siendo moneda de cambio en los círculos pederastas.

Es muy importante hablar con los menores y hacerles ver la facilidad del engaño en Internet. Una vez más el problema se origina en la aceptación de desconocidos en los contactos de la red social o del Messenger. Son miles y miles los individuos que se hacen pasar por adolescentes para ganarse la confianza de los chavales. Y tienen estrategias bien estudiadas. Si el chico les pide fotos, disponen de fotos (muchas producidas por anteriores “aventuras” del pederasta). Si les pide que les mande cam, también se la mandará… sólo que no retransmitirá la verdadera imagen del individuo, sino una grabación conectada al Messenger. Es un procedimiento fácil y así se lo debemos hacer ver al chaval. Que nos engañen poniendo imágenes en la webcam que no corresponden con la imagen de la persona con la que estamos hablando es bien sencillo.

Su forma de comunicarse con el chico también está muy estudiada. Utiliza sus mismas expresiones, sus faltas de ortografía, sus emoticonos… Tienen mucho entrenamiento detrás. Y tras varias semanas de conversaciones intrascendentes, llegará el momento en que, casi sin darle importancia, le comenzará a pedir fotos más íntimas, poses en la webcam…  Y de esta forma ya ha entrado en la rueda. Seguramente en todo este “protocolo” inicial, el pederasta habrá logrado introducir algún troyano en el ordenador del menor, para conseguir las contraseñas de su cuenta. Cuando el menor se dé cuenta del engaño y quiera cortar la relación, el sujeto comenzará el chantaje y la extorsión, amenazándole con difundir las imágenes que ya tiene entre sus amigos y contactos y entre sus familiares. Y la única vía que le ofrece para evitarlo es seguir mandándole más y más fotos y videos o, en casos más extremos, llegar a un encuentro personal con el acosador.

La solución, como comentamos siempre, pasa por el diálogo. Si hay confianza en la familia el chaval será más proclive a contar lo que ocurre antes de que sea demasiado tarde. Es más, quizás ya no dé pie a que se produzcan estos hechos, porque no habrá aceptado a ningún desconocido en su red y no habrá difundido imágenes suyas.

Pensemos que Internet no es para los chavales una actividad más como lo puede ser ver la televisión o jugar al fútbol. Los chicos y chicas “están” en Internet, “viven” en Internet. Y la Red es un punto más de encuentro y socialización como lo puede ser la calle, el colegio o cualquier otro lugar físico. Según el Estudio sobre hábitos de seguridad en el uso de las TIC por niños y adolescentes y e-confianza de sus padres del Observatorio de la Seguridad de la Información de INTECO, los menores y adolescentes pasan una media de 14,5 horas semanales frente al ordenador. Es necesario por tanto establecer unas pautas horarias de uso de la Red, igual que se las marcamos para salir a la calle. No permitimos que los chicos entren y salgan de la casa cuando les apetece, por su propia seguridad y por su educación. Igualmente debe ser en la Red.

En las manos de padres, madres y menores está el parar el grooming. Y con ello no sólo beneficiaremos a nuestros hijos e hijas, sino que también contribuiremos a frenar una de las peores lacras de Internet. Conocer los riesgos es el primer paso. Y ese ya lo hemos dado. Ahora pongámonos manos a la obra con nuestros hijos e hijas.

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