Menores en red

Nativos digitales

El mito del nativo digital frente al huérfano digital

A la hora de impartir charlas sobre el tema de la seguridad de los menores en Internet es frecuente que surja el ya tan infundado mito del nativo digital. Suelo escuchar a padres y madres decir que padecen un cierto complejo porque perciben que sus hijos e hijas saben mucho más que ellos de Internet. Un dicho que a fuerza de repetirse actúa como si fuera real.

Naturalmente que hay menores que saben mucho más que sus padres sobre el uso de la Red, sobre todo si sus padres nunca usaron un ordenador o un smartphone. Pero también es cierto que no saben tanto como aparentan. La vieja teoría de los nativos y los inmigrantes digitales, personificados unos en los hijos y los otros en los padres, ya no funciona.

Esta teoría de nativos e inmigrantes se debe a Mark Prensky, que en un artículo titulado Digital Natives, Digital Inmigrants acuñaba estos términos para de esta manera poner en entredicho el sistema educativo que no contemplaba esta realidad por él dibujada.

Es cierto que los chavales de hoy en día han nacido usando ya pantallas desde el primer momento, cosa que no ocurre con los adultos. Pero también es cierto que a día de hoy los adultos, al menos cierta franja de edad, están habituados a usar por lo menos los smarthpones y quizás las tabletas. El uso que adultos y menores hacen de estos aparatos no difiere gran cosa. El hecho de haber nacido en una época donde predomina lo digital no presupone que se tenga capacidad y práctica para desenvolverse adecuadamente.

Los que ya tenemos una trayectoria en el uso de la Red sabemos que las primeras herramientas que usamos, hace ya 15 años, eran de más complicado manejo que las actuales. Los nuevos sistemas operativos, las pantallas táctiles, las aplicaciones, han facilitado mucho las cosas. Aún recuerdo mi primer ordenador, antes de Windows y antes del ratón. Todo era evidentemente mucho más complicado.

Los chavales de hoy en día se conectan a Internet principalmente a través de dispositivos móviles y su uso es muy semejante al que pueden hacer los adultos, padres y madres en torno a la treintena. Por lo tanto no existe esa brecha digital entre nativos e inmigrantes. La verdadera brecha digital es la que separa a los consumidores de los productores. Es decir, la mayoría de los menores son meros consumidores de aplicaciones y de servicios. Escasean más los que son capaces de producir contenidos, de configurar sistemas y herramientas, de crear material digital audiovisual de cierta calidad, de llevar adelante un blog, etc.

El que los menores pasen horas delante de pantallas no implica que tengan un sentido crítico de la información que reciben. No presupone que sepan hacer búsquedas eficientes. No indica que tengan la habilidad de buscar nuevos recursos en la Red.

¿La conclusión? Que no nos dejemos intimidar por esa supuesta superior habilidad para usar las herramientas de la Red que tienen los menores. Y ya que Internet forma parte de la vida de los chavales –y lo hará para siempre, no quepa la menor duda– es obligación de ellos, padres y madres, de formarse en el correcto uso de la Red. El no hacerlo supone crear huérfanos digitales, chavales que carecen de una referencia y un modelo que seguir en algo tan importante como es el mundo digital.

Fotografía superior de Tony McNeill

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