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Sexting

El sexting

Leía estos días unas afirmaciones de Parry Aftab, experta en cibercrimen, privacidad en internet y ciberabusos, que decía que “no importa lo listo que seas en la vida real: mucha gente se vuelve estúpida online”. Y así es. Quizás en este aspecto lleven ventaja los “turistas” digitales de que hablábamos en el primer artículo de este blog. En principio los “turistas” se acercan a Internet con una cierta desconfianza y recelo. Quizás por esto, por ese desconocimiento, se muestren más cautos y sean más recatados. Se resisten a dar datos, no les entusiasma colgar fotos… Digamos que 50% por recelo y 50% porque no dominan la herramienta. En cambio, los “ciudadanos”, en este caso nuestros hijos e hijas, son mucho más osados. Controlan perfectamente la mecánica de las redes, de la mensajería, de los chats, y no piensan demasiado en los resultados de sus actos. Consecuencia: suben alegremente fotos, comparten datos sensibles propios y de terceros… No se trata de un comportamiento distinto a lo que podrían hacer los padres y madres en su juventud y adolescencia. Pero la trascendencia que aporta Internet es lo novedoso. Lo que antes quedaba en un círculo muy restringido, ahora alcanza dimensiones “planetarias”.

Esto es lo que da lugar al fenómeno llamado sexting, es decir, el envío de fotos y/o videos de contenido sexual, la mayoría de las veces producidos por el propio remitente, a través del teléfono móvil. Como antes comentábamos, los mensajes de tipo sexual siempre han existido, pero es ahora con el avance de las comunicaciones, que esto cobra especial trascendencia. Pensemos que, según datos del INE, el 92,1% de los jóvenes de 15 años disponen de teléfono móvil. Y hoy en día es difícil encontrar un terminal que no sea capaz de grabar video o, al menos, tomar fotografías.

Los adolescentes, impulsados por esa sensación de invulnerabilidad, se lanzan a grabar y/o a difundir videos y fotos de ellos mismos o de terceros, con contenido sexual o, cuando menos, atrevido. Además –algo que es casi inherente a la adolescencia– tienen ansias de reconocimiento y notoriedad. Es difícil para ellos mantener el control cuando es algo que les da satisfacción y les va creando una fama. Todo este “cóctel” hace que pongan en peligro no ya sólo su intimidad, sino también la de terceros.

No son conscientes de que no son simples bromas o gamberradas, sino que pueden llegar a vulnerar (y de hecho así es) derechos fundamentales: el derecho a la propia imagen, el honor, el derecho a la intimidad, la protección de datos…

Y lo que es más grave: las secuelas que puede acarrear a las víctimas de este comportamiento. Secuelas que van desde la incomodidad, la vergüenza, en los casos más leves, hasta consecuencias mucho más trágicas, y para ello basta con echar un vistazo a los medios de comunicación de vez en cuando.

Un estudio realizado este mismo año por INTECO y Orange sobre seguridad y privacidad en el uso de los servicios móviles por los menores españoles revela que un 88,6% de los encuestados admitía realizar fotografías con su terminal, y un 48,2% manifestaba, además, enviarlas a sus contactos. El mismo estudio revela que el 17,1% de los chavales afirma conocer casos cercanos de amigos cuyas imágenes han sido difundidas sin su consentimiento y el 15,5% afirma tener amigos que han grabado y difundido imágenes de otros sin consentimiento del protagonista.

Más alarmante todavía: cada vez más proliferan las webs dedicadas a recoger y comercializar este tipo de videos y fotografías, lo que acrecienta la gravedad del fenómeno. Según la policía del Estado norteamericano de Utah, el 25% de las imágenes de pornografía infantil que se detectan, son originadas por el sexting.

Como siempre, aconsejo, una actitud preventiva con los hijos e hijas. Hablar con ellos de este tema, presentarles casos reales (fácilmente localizables en cualquier buscador de Internet o en cualquier medio de comunicación online), e indicarles una serie de recomendaciones:

  1. El grabar y transmitir este tipo de imágenes contraviene la ley: desde delito de pornografía infantil, hasta violación de la intimidad o de los datos personales. Y la ley actúa también con los menores.
  2. Ponerse en lugar de la víctima y pensar los daños que el acoso y la humillación puede producir.
  3. No enviar nunca imágenes propias de las que más adelante se puedan arrepentir. Una vez que comienza la difusión es imposible detenerla. Y eso puede perjudicarles en un futuro si alguna persona las encuentra en la red (novios, novias, profesores, empresas…)
  4. El enviar imágenes propias en actitudes o poses atrevidas puede dar lugar a caer en una red de sextorsión.

En fin, creo que con todo lo aquí expuesto, el sentido común ya nos indica el camino a seguir. En próximos artículos seguiremos hablando de comportamientos a través de la red que entrañan riesgos y que, ya no sólo como padres y madres, sino como adultos de nuestros días, debemos conocer. La ignorancia es la principal puerta a los riesgos en la Red. Si somos conscientes, si nos preocupamos por leer e informarnos, sabremos prevenir muchas conductas. Nos vemos en los próximos días. Mientras tanto, y por eso de que una imagen vale más que mil palabras, en este caso este vídeo nos resume lo expuesto aquí.

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