Menores en red

Vamping

El Vamping

“La noche me confunde”, decía un famoso de las revistas rosas. Pues no son pocos los que deberían reconocer que la combinación de noche y móvil también los confunde. Porque uno de los riesgos que corren nuestros adolescentes con el smartphone es precisamente su uso en horas de la noche. Tanto que ya este comportamiento tiene un nombre: vamping. Se trata de pasar gran parte de la noche pegados a la pantalla de un dispositivo: un móvil, una tablet o un ordenador restando horas al sueño. La mayor parte de las veces se debe a que ese horario nocturno invita más a la intimidad, para relacionarse con sus amigos y amigas. Y además no quieren quedarse al margen de los temas de conversación que a esas horas se dan entre su grupo de amigos.

No es algo sin importancia, porque por una parte una de sus consecuencias es la falta de rendimiento diurno, al no haber dormido las horas necesarias. Por otra parte, cabe preguntarse el uso que hacen a esas horas de la Red. Si siempre se recomienda, con respecto a los menores, que haya una supervisión por parte de los padres y madres, su uso nocturno dificulta esa supervisión. Puede ser que se conecten desde sus cuartos a esas horas para ver películas, para visitar páginas o para chatear con sus amigos. Pero también puede ser que sea el momento de interactuar con personas conectadas a esas horas tan especiales y que no son precisamente las más recomendables a esas edades.

Maialen Garmendia, socióloga de la Universidad del País Vasco, sin embargo, le quita hierro a este comportamiento. Como ella misma señala, “cuando se le pone un nombre a un fenómeno social, parece que tiene mayor incidencia y puede ser una moda pasajera o una tendencia minoritaria”. Y sí, es cierto que puede ser un hecho puntual. Por ejemplo, si le compramos un móvil nuevo o es el primer móvil que usa, puede ser que esa novedad le impulse a querer usarlo a todas horas, de día y de noche. O puede ser que tenga su primer noviete o novieta, y quiera estar conectado-a a todas horas. Pero con el tiempo esas actitudes se van “normalizando”.

De cualquier manera, lo recomendable, desde mi punto de vista, es no permitir a los menores –al menos en las edades más tempranas– que se retiren a sus cuartos con sus móviles o sus tabletas. Es una manera de evitar los riesgos de estas conexiones incontroladas y una garantía de que dormirán las horas suficientes para un buen rendimiento al día siguiente.

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