Menores en red

La familia como control parental

La familia como primer programa de control parental

Que la familia sea el primer programa de control parental puede resultar de entrada lógico. Y sin embargo muchas veces la familia prefiere delegar ese control en software específico, programas que suplen –de manera poco efectiva— el trabajo que deben realizar madres y padres.

Entiéndase que no pretendo discutir la conveniencia o no de los programas de control parental, que en determinadas circunstancias –como explicaré más abajo— pueden llegar a ser necesarios. Lo que sí discuto es que adopten el papel de primera barrera.

Los programas de control parental son herramientas que pueden llegar a ser muy útiles, pero inicialmente no me gusta recomendarlas. Y eso a pesar de que en las charlas impartidas a madres y padres me preguntan con frecuencia acerca de estos programas, cuáles existen, cuáles son más efectivos o cómo se configuran. La razón de que no me incline a hablar demasiado sobre ellos es que muchos padres y madres reemplazan el necesario control y la supervisión que deben realizar sobre la actividad de sus hijos en Internet por estas herramientas. Y no son herramientas de reemplazo, sino complementarias. El mejor control parental es el que realizan precisamente los padres y las madres. Depositar esta responsabilidad exclusivamente en un programa es algo contraproducente. Y es cierto que hay programas muy configurables, muy flexibles y con muchas funcionalidades, pero no dejan de ser eso: programas, software.

No es la primera vez que hablo en esta web de la importancia de educar a los menores en el buen uso de la red a través del diálogo en familia. Me remito al artículo en el que se trata de este tema con más profundidad. Si esta educación en familia se lleva adecuadamente, con tiempo y a tiempo, los problemas que pueden surgir se reducen considerablemente y puedo asegurar que los programas de control parental prácticamente no serán necesarios. No cumplir con los “deberes”, no preocuparse por formarse en las herramientas de la red –estoy hablando de madres y padres— y no hacer el esfuerzo de compartir momentos con el hijo o hija menor, preadolescente, conduce a problemas seguros. De mayor o menor envergadura, pero los problemas aparecerán.

¿Quiere decir esto que los programas de control parental son inútiles? No, por supuesto que no. En determinadas circunstancias pueden ayudar a la labor parental. La educación no es una fórmula matemática y son muchos los factores que influyen en la educación del menor. Y por mucha preocupación y dedicación que ponga la familia puede darse el caso de que el niño o niña, a causa de diversos factores, desarrolle una conducta no adecuada en el uso de las tecnologías. Es entonces cuando podemos y debemos hacer uso de estas herramientas, pero simultáneamente con la intervención directa por nuestra parte.

También son herramientas totalmente necesarias cuando se llega a situaciones que se desbordan y que nos hacen llegar a saber que el preadolescente o adolescente está usando de forma temeraria las herramientas de acceso a Internet o que está teniendo problemas en su uso (adicción, contactos indeseados, acoso, acceso continuo a contenidos no recomendables). En estos casos sí que puede ser totalmente necesaria la instalación de alguno de estos programas para evitar males mayores y para llegar a identificar el problema que están teniendo.

¿Para qué son útiles las herramientas de control parental? Básicamente todas ellas desarrollan las siguientes funciones:

  • Control del tiempo de uso de la red por parte del menor. El programa bloqueará el acceso a Internet en las franjas horarias que fijemos. Lo ideal es que la determinación de estas franjas horarias se haga, en la medida de lo posible, en consenso con el menor. De cualquier manera, tengamos en cuenta que el menor puede acceder desde otros dispositivos o lugares.
  • Bloqueo de aplicaciones. Impide que se descarguen o se usen determinadas aplicaciones. También puede bloquear el acceso a la configuración del equipo, sobre todo para el caso de que accedan con un ordenador o smartphone que no es propio de él, sino de su madre o su padre.
  • Filtrado de contenidos de la red. Puede hacerse bien por palabras o bien por temáticas. Ningún sistema suele ser efectivo al cien por cien en esta opción y puede bloquear accesos sin peligro o por el contrario permitir el acceso a contenidos inapropiados. También se puede configurar para bloquear determinados sitios web.
  • Monitorización del uso que hace del equipo. Muchos programas nos proporcionan, mediante el envío de informes y alertas, información acerca de las búsquedas que realizan, los servicios que usan o cuando intentan forzar algunas de las restricciones del programa de control parental.

Existen muchos programas de este tipo. Algunos son exclusivos para smartphones, otros vienen incluidos en programas antivirus, otros son proporcionados por las compañías que proporcionan el acceso a la red, otros vienen integrados en los sistemas operativos… Dependiendo del equipo que use el menor, los parámetros que más nos interese monitorizar o bloquear o incluso el presupuesto que estemos dispuestos a gastar (hay programas que son de pago), nos interesará más uno u otro. De algunos de ellos hablaremos en un próximo artículo. Pero ahora quedémonos con esta reflexión: que los programas de control parental no sirvan como excusa para desplazar nuestra responsabilidad educativa como padres y madres. Responsabilidad que en los tiempos actuales atañe muy especialmente al manejo de las tecnologías de la información y la comunicación. ¿Quién dijo que ser padre o madre fuera fácil?

Fotografía superior de Ministerio TIC Colombia

Tu comentario/O teu comentario