Para los mayores

Las instituciones también pican con las cartas en cadena

Las instituciones también “pican” con las cartas en cadena

No cabe duda de que estamos viviendo una época de transformaciones rápidas y constantes. Las tecnologías de la información y la comunicación (que, por cierto, ya no tiene sentido denominarlas “nuevas tecnologías”) evolucionan y hacen cambiar nuestros hábitos y nuestra forma de relacionarnos con el mundo. Y esto afecta a niños, jóvenes y adultos.

Pero hoy me voy a detener en los adultos. Personas adultas que deberíamos actuar como guías y referentes de los menores en el mundo digital. Esta rápida evolución de las tecnologías hace que cueste y que requiera un esfuerzo adaptarse a ellas. Pero no hay otra opción si no queremos naufragar y hacer que los menores a los que debemos orientar naufraguen con nosotros.

Como apunta Fernando de la Rosa en su artículo “Un nuevo modelo educativo profesional” incluido en el libro Los nativos digitales no existen, «nos encontramos ante la paradoja de que la sociedad ha pasado de ser ignorante (no saber) a tener una opinión sobre todo. (…) La naturaleza del cambio es tal que se pasa de no tener opinión a tener una opinión equivocada».

Pienso, sin duda, que la excesiva credibilidad que le damos a las informaciones que recibimos a través de Internet es uno de los principales problemas con que nos encontramos. Aceptar como válida cualquier noticia o dato que encontramos en la Red es tan peligroso o más que estar desinformados.

Las famosas cadenas, hoaxes, que circulan en las redes sociales, a pesar de las advertencias y los desmentidos, siguen extendiéndose. Y lo preocupante es que ya no sólo son las personas físicas las que entran en el juego, sino que incluso las instituciones se hacen eco de estas falsas informaciones.

Viene esto a cuento por una carta que circula desde hace tiempo entre empresas, ayuntamientos, centros de enseñanza, ONGs, etc. con un texto similar a éste:

«Recibimos una solicitud de ayuda para que hagamos realidad el sueño de un niño con cáncer. El niño quiere entrar en el libro Guinness de los récords consiguiendo la carta en cadena más larga del mundo. Pide que enviemos esta carta a diez empresas, autoridades locales, escuelas, residencias, etc. Como se puede observar en la documentación adjunta, la carta en cadena no fue interrumpida nunca. Este centro se une a la iniciativa y solicita su colaboración».

Y se acompaña de la relación de las diez instituciones a las que se les reenvía esta carta.

No es muy difícil descubrir la falsedad de este mensaje:

  • No identifica al supuesto niño con cáncer. No sabemos de dónde es, cómo se llama, ni ningún otro dato.
  • No consta ninguna fecha, con lo cual puede ser que esté circulando desde hace 10 años (y de hecho así es, con variantes).
  • Se limita a reenviar la carta, pero ¿cómo sabe la organización del libro Guinness que en efecto se está reenviando? Ni el supuesto niño ni la organización del premio tienen manera de recibir un feedback de la acción. Y os puedo asegurar que figurar en el libro Guinness comporta un proceso de verificación muy estricto y muy reglado.
  • ¿Qué logra el supuesto niño con cáncer en el caso de aparecer en el libro Guinness? Si accedemos a este tipo de solicitudes, podemos prepararnos todos, personas e instituciones, para recibir avalanchas de peticiones de todo tipo. Y hoy será un niño con cáncer, mañana una niña que perdió a sus padres y pasado mañana unos gemelos víctimas de un bombardeo que perdieron todo. ¿Dónde ponemos el límite? ¿Cómo verificar que todas las peticiones son reales? Apelan al sentimiento y, aunque las instituciones de por sí no tienen sentimientos, las personas que las gestionan sí.

De esta carta de la que estamos hablando ya se hizo eco la policía, en concreto los Mossos d’Esquadra el 19 de febrero de 2016, a través de su cuenta de Twitter.

Twitter Mossos d'Esquadra

Incluso la propia web oficial de Guinness, aclara que «Guinness World Records no acepta récords relacionados con “cartas en cadena” por correo, email o redes sociales. Si recibe una carta o email que prometa publicar todos los nombres de los que reenvían, no es auténtica».

Lo curioso, y lamentable, es la cantidad de organismos oficiales que se han hecho eco de este hoax. Rastreando en buscadores incluso se encuentra esta carta con registro oficial de salida de ayuntamientos y otras instituciones.

Si queremos exigir a los menores una navegación segura y responsable en la Red, lo primero que hay que hacer es autoexigir eso mismo a nosotros, las personas adultas. Y esa exigencia aumenta en el caso de representar a una institución oficial. No es difícil discernir la veracidad de una información. Pero de entrada, desconfiemos de cualquier tipo de cadena, y mucho más si no constan datos como fecha, lugar o persona de origen o forma de contacto.

Así que, mensaje de hoy: todas las personas adultas debemos empezar a ser responsables y usar el sentido común (que a veces parece que a la hora de usar Internet se pierde por completo) para de esta manera poder servir de ejemplo y referencia para los menores.

Un último aviso: copia y envía este artículo a 20 contactos tuyos para que un millón de niños y niñas con problemas para navegar por Internet reciban una buena lección. 😉

Fotografía superior de Perrin Gaëtan

1 comentario

  1. Gracias por su opinión sobre las Cadenas de cartas. En nuestra Asociación ANDEX (Asociación de Padres de Niños con Cáncer de Andalucía), la hemos recibido y argumentamos lo mismo que usted. No tiene sentido. Además, en cualquier caso, hay muchas otras prioridades que atender. Un saludo

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