Menores en red

Adolescentes en Instagram

Los adolescentes en Instagram

Los adolescentes en Instagram es el título de esta entrada, porque a día de hoyInstagram es una de las redes sociales más utilizada por los adolescentes. Según datos del VI Estudio Redes Sociales de IAB Spain, de enero de 2015, el 60% de los menores entre 14 y 17 años tienen cuenta en Instagram.

Quizás muchos padres y madres no tengan claro qué es Instagram. Se trata de una aplicación para compartir fotos y vídeos, que funciona desde 2010. Surgió de la necesidad de contar con filtros para aplicar a las fotos tomadas con los teléfonos móviles, y de ahí compartir entre las amistades. Su crecimiento ha sido espectacular, contando con más de 300 millones de usuarios en diciembre de 2014, superando ya a Twitter. Desde el 2012, Instagram pertenece a Facebook, que la compró por mil millones de dólares.

Instagram está pensada para funcionar desde teléfonos móviles, aunque cuenta con una versión para ordenadores. Por defecto, las fotos que se suben son públicas y cualquier usuario de Instagram puede visualizarlas. Si se desea, desde la configuración de la aplicación, se puede convertir la cuenta en privada, de tal manera que sólo nuestros seguidores podrán ver nuestras imágenes.

El hecho de que Instagram sea conocida como una aplicación para fotos, hace que muchos padres y madres desconozcan que en realidad se trata de una red social. Es decir, no son fotos que se almacenan en el teléfono y se guardan o se envían a los contactos que se desea. No: las imágenes tomadas a través de Instagram son para publicar. Cualquier menor que comience a usar esta aplicación para tomar fotos, automáticamente irá subiendo todas ellas a la red, sin ser consciente a veces del alcance de este hecho. Se corre el riesgo de subir fotos íntimas, fotos de personas que no desean que se difunda su imagen o fotos en circunstancias no muy recomendables y fuera de contexto. Añádase a esto que la aplicación también cuenta con el sistema de etiquetado, igual que Facebook o Twitter, con lo cual se pueden realizar búsquedas que en ocasiones dan como resultado localizaciones concretas, ya que es costumbre extendida añadir la etiqueta con el nombre de la población o el lugar donde se toma la foto. Y tiene un efecto multiplicador: si uno de los usuarios tiene conectado Instagram a otras redes sociales, como Facebook o Twitter, puede ser que al dar un “me gusta” a la foto del menor, automáticamente esa imagen se reproduzca en las otras redes sociales.

Tiene también la opción Direct para compartir una foto en exclusiva con un usuario concreto.  Como en cualquier otra red social, para los menores esto puede suponer la falsa impresión de que esa foto quedará en privado entre la otra persona y él. En teoría es así, pero por supuesto la otra persona puede difundir esa imagen como lo desee. Y todos conocemos la estabilidad de ciertas relaciones amistosas, sobre todo en etapas turbulentas como la adolescencia, lo que puede dar lugar a la difusión de imágenes íntimas como modo de venganza.

¿Cuáles son las costumbres de los adolescentes en cuanto al uso de Instagram? Por supuesto, la moda del selfie (imágenes de sí mismos) sigue triunfando. Casi la mitad de las fotos subidas a Instagram por jóvenes entre 14 y 21 años son selfies. Algo que las empresas aprovechan, y por eso abundan los concursos invitando a publicar fotos consumiendo sus productos. Es difícil sustraerse a esta moda, con ciertos toques de vanidad y exhibicionismo. No tiene por qué ser necesariamente malo, pero es conveniente que sean conscientes de los riesgos de compartir sin pensar.  Muchas veces el objetivo de los adolescentes es lograr el mayor número de comentarios y “likes” posibles, por lo que en ocasiones se llega incluso a publicar fotos más atrevidas o incluso rozando el ridículo para obtener una mayor aceptación.

No pensemos tampoco que todo el uso que hacen de Instagram es “diabólico”. Los adolescentes le han encontrado usos que quizás a los adultos no se nos pasaría por la cabeza. Muchos de ellos usan esta aplicación para subir fotografías de los ejercicios que les pone el profesor, o para compartir sus gustos cinematográficos o musicales.

Una vez más, mi consejo es, en primer lugar, conocer el funcionamiento de Instagram. Crearse una cuenta y probarla no es algo que esté de más. Incluso es posible que lleguemos a ver su utilidad, que la tiene. De hecho, cuando habléis con vuestros hijos e hijas de esta –o de cualquier otra red social– no lo hagáis incidiendo sólo en lo negativo, sino también en lo mucho positivo que tienen. Incluso es posible que ellos os descubran usos que ni se os habían ocurrido y que pueden ser de utilidad para vosotros.  Lo segundo sería comentar con ellos los riesgos de subir fotos sin configurar la privacidad de Instagram. Es altamente recomendable que su cuenta sea privada, de tal manera que sólo sus seguidores puedan ver sus imágenes. Las cuentas públicas están bien para los usuarios que publican fotos con un carácter no tan íntimo. Y por último, hacerles ver el riesgo de difundir fotos íntimas y los contactos desconocidos que pueden surgir en ésta y otras redes, como ya hemos comentado en otros artículos de este blog.

A modo de resumen: seguramente vuestros hijos e hijas están en Instagram. Recordad que no es una simple aplicación de fotografía sino que funciona como una verdadera red social. Pero no por ello es algo malo, sino que tiene un enorme potencial positivo. Y son los adolescentes los que en gran parte le están dando ese sentido positivo y útil, creando nuevas formas de usarla. Mirad la red en positivo pero advirtiéndoles de los riesgos.

Fotografía superior de mijabi

Tu comentario/O teu comentario