Para los mayores

Robo de móvil

¡Me han robado el teléfono móvil!

Si te han robado el teléfono móvil, además del prejuicio económico, afrontas otro grave problema. Económicamente podrá suponer, en muchos casos, un valor superior a los 500 euros. Y no son pocos los que se roban cada día. Se habla de setecientas denuncias diarias en España. Si antes el objeto de deseo de los carteristas eran precisamente las carteras, hoy el robo de móvil, especialmente si es de alta gama, es su objetivo predilecto.

Sin embargo, hay otro problema, que no es el económico, y que hay que tener cada vez más en cuenta. Y es la cantidad de información personal –propia y de terceros– que almacenamos en estos dispositivos. De hecho, muchas bandas dedicadas al robo de teléfonos móviles empiezan a centrar ya más la atención en el contenido de los móviles que en su valor económico.

Lo que almacenamos en nuestro teléfono móvil

Invito a que penséis en lo que podéis tener almacenado en vuestro smartphone. A modo de ejemplo:

  • Números de teléfono de todos vuestros contactos, a veces acompañados de su dirección de correo electrónico y quizás su dirección física.
  • Fotos personales y de terceros.
  • Acceso a vuestras cuentas de correo electrónico, con todo lo que ello comporta (mensajes, direcciones, imágenes, documentos…)
  • Acceso a vuestro almacenamiento en la nube (servicios como Dropbox, Drive, OneDrive, Box, Mega…)
  • Acceso a las tiendas de compras de aplicaciones (Play Store, App Store, Tienda Apps Amazon, Galaxy Apps…), en ocasiones con permiso preconcedido para usar vuestra tarjeta de crédito en ellas.
  • Acceso a tiendas online como Amazon, AliExpress… también a veces con los datos almacenados de vuestros medios de pago.
  • Acceso a vuestras redes sociales y aplicaciones de mensajería, y en consecuencia una puerta abierta a la suplantación de la identidad y acceso a los datos compartidos de vuestros contactos (imágenes, comentarios, correos electrónicos, en algunos casos incluso domicilios, lugares de trabajo…)
  • Acceso a vuestro calendario, pudiendo conocer así vuestras citas, agenda, lugares, personas con las que os relacionáis…
  • Si las tenéis, aplicaciones para pagos, de almacenamiento de tarjetas de fidelización, de viaje…
  • En el caso de usar aplicaciones relacionadas con la salud (aplicaciones de tipo deportivo, de control de alimentación, sueño, ejercicio…), tendrían acceso a todos estos datos.
  • Acceso a vuestras aplicaciones bancarias, aunque lo habitual es que se necesite una contraseña para acceder. Pero tampoco es raro que muchas personas almacenen sus contraseñas en alguna nota, algún correo electrónico, algún documento almacenado en la nube…
  • Información corporativa de tu empresa, sobre todo en el caso de teléfonos de trabajo, lo que ha dado lugar ya a sanciones a empleados.

Es sólo un ejemplo de lo que habitualmente guardamos en nuestro teléfono móvil. No es poco. Posiblemente tengamos más información comprometida en el smartphone que en nuestro ordenador portátil o de sobremesa, y con el agravante de que estamos hablando de un dispositivo móvil que llevamos con nosotros a todos lados.

Por todo esto ya se han dado casos de chantajes, robos de smartphones que desembocan en el contacto con su propietario para exigirle una suma de dinero a cambio de no comprometer su intimidad.

En un mundo digital como en el que nos toca vivir, es difícil estar totalmente a salvo porque de una u otra manera estamos depositando muchísima información personal en dispositivos o lugares en la nube que a veces resultan vulnerables. Y aunque es cierto que a veces se trata de información aparentemente no sensible, debemos tener en cuenta que la suma de datos intrascendentes puede dar lugar a una información trascendente.

Es por todo esto que cuidar nuestro teléfono móvil resulta mucho más importante de lo que parece, porque no se trata sólo de su valor económico –que puede ser repuesto de una u otra manera– sino de su valor informativo. Y una fuga de datos personales sí que puede llegar a ser irreparable.

Medidas preventivas

Por lo tanto, conviene tomar todas las medidas que están a nuestro alcance para tratar de minimizar los perjuicios que nos causaría la pérdida o robo de nuestro teléfono móvil, sobre todo si cae en malas manos. Ciertamente que algunas nos resultarán incómodas, pero las apreciaremos cuando –esperemos que no– el robo se produzca.

Os señalo algunas de ellas y os incluyo una casilla de verificación para que vayáis marcando, si os apetece, aquellas que cumplís, para haceros al final una idea del grado de seguridad de vuestro smartphone:

Tener activado algún sistema de bloqueo de pantalla: patrón de movimiento, pin, contraseña numérica o, si el dispositivo lo permite, huella digital.

Proteger las apps con acceso a información sensible (las que dan paso a almacenamiento en la nube, como Dropbox o Drive o similares) con una contraseña.

No tener permanentemente iniciada la sesión en redes sociales. Es cierto que nos va a restar conectividad y presencia en ellas, pero ¿realmente necesitamos tanta?

Usar las apps de mensajería, como WhatsApp, como si fueran conversaciones públicas. Recordemos que incluso sin llegar a robarnos el dispositivo, gracias al uso de la wifi pueden llegar a interceptar nuestros mensajes (a pesar de que con la última actualización de WhatsApp las conversaciones se han encriptado).

Tener siempre cerradas las sesiones en las apps bancarias y no usarlas nunca a través de wifis públicas, porque pueden ser pirateadas.

Configurar las tiendas de apps para que siempre, al hacer una compra, exija la contraseña de inicio de sesión.

Tener instaladas sólo las aplicaciones que realmente necesitemos y usemos.

Instalar y activar un sistema de localización remota y bloqueo del dispositivo en caso necesario.

Trata de conservar en el dispositivo sólo las fotos imprescindibles. No es mala idea tener activado un sistema de subida automática a la nube de las fotos que se hacen para, una vez subidas, borrarlas de nuestro teléfono. Por supuesto, siempre y cuando tengamos la aplicación de la nube suficientemente protegida.

No tener anotadas nuestras contraseñas (de aplicaciones, bancos, redes sociales, correo…) en ningún sitio de nuestro teléfono. Para ello existen aplicaciones seguras que las conservan encriptadas y bajo una contraseña compleja. Un buen ejemplo de este tipo de aplicaciones es KeePass.

Tener anotado el IMEI del smartphone en un lugar seguro (obviamente no en el propio teléfono). Esto nos servirá para en caso de presentar denuncia por robo poder proporcionárselo a la Policía y para poder bloquear el terminal a través de nuestro operador. El IMEI figura en la caja del teléfono y, en muchos modelos, dentro del dispositivo donde se inserta la batería. Y, de cualquier manera, marcando *#06# nos aparecerá en la pantalla.

Y, por último, la más obvia: no dejar el teléfono fuera de nuestra vista, encima de la mesa en un lugar público, o sobresaliendo de un bolsillo o del bolso. Aún con estas precauciones no nos libraremos del riesgo, pero se lo pondremos más difícil a los amigos de la ajeno.

En efecto, muchas de estas medidas nos suponen un trastorno, y seamos honestos, pocas personas cumplen todo esto. Pero al menos, que las conozcamos y tratemos de cumplir las más que podamos. Nuestra vida, tan digital ya en muchos aspectos, nos facilita muchas cosas, pero también nos obliga a mayores medidas de seguridad. Lo que podemos perder es mucho. Y todo esto tengámoslo también en cuenta para los smartphones de vuestros hijos e hijas. Un tema más para tratar en familia. Estas precauciones que hemos señalado son también una de las formas para preservar su imagen digital. Y la chavalada adolescente está muy acostumbrada a guardar cientos de fotos en sus teléfonos, a intercambiar todo tipo de imágenes en sus cuentas de WhatsApp, a estar conectados permanentemente a varias redes sociales a través de sus smartphones y a usar sus teléfonos en cualquier lugar, lo que les convierte en presa fácil de los ladrones.

Fotografía superior de FHKE

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