Menores en red

Nomofobia

¿Son nuestros adolescentes adictos a Internet?

¿Son nuestros adolescentes adictos a Internet? Si pregunto esto en una charla con padres y madres ya doy por hecho de que la mayoría levantará la mando diciendo que sí, que lo son. Lo justifican diciendo que pasan mucho tiempo pendientes del móvil, que se irritan si les falta, que continuamente están intercambiando mensajes con sus amigos y amigas… ¿Es esto adicción a Internet? Pues puede serlo pero seguramente en la mayoría de los casos no.

Los adolescentes –ahora y desde siempre– necesitan un contacto permanente con su grupo. De hecho en esta etapa de la vida seguramente prime más la opinión del grupo que la de sus padres. Antes de Internet ese contacto se realizaba personalmente, cara a cara. Y seguramente recordemos las broncas familiares por el excesivo uso del teléfono fijo de la casa. Hoy, con los smartphones con conexión permanente a Internet y las apps de mensajería, han encontrado una nueva forma de mantener esa relación.

Existe un término, que no es médico ni se refiere a una patología reconocida por la Organización Mundial de la Salud, que se denomina nomofobia. Deriva del inglés “no-mobile-phone phobia”, es decir, miedo irracional a olvidarse o perder el móvil. No se trata de una adicción sino más bien de un uso problemático o excesivo del móvil. En el caso de los adolescentes, la mayoría de las veces el smartphone es la posibilidad que da de estar permanentemente en comunicación con sus amigos. Una adicción se caracteriza por la necesidad de aumentar cada vez más la dosis y de la dependencia absoluta hasta llegar al síndrome de abstinencia. No es éste el caso de la mayoría de los adolescentes. Lo que ellos buscan y encuentran en las herramientas de mensajería instaladas en sus smartphones es la relación con sus contactos, la necesidad de estar enterados de lo que pasa en su grupo para de esta manera sentirse integrados por completo en él.

Así pues, distingamos entre adicción al móvil y necesidad de relación. Claro que eso no significa que haya que darles carta blanca para estar permanentemente enganchados a esa comunicación. Como en todo en la vida, hay que educarles y enseñarles a administrar el tiempo que dedican a cada actividad.

Fotografía superior de Stijn Vogels

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