Twitter y profesoresDespués de un período vacacional, vuelvo a retomar el blog, coincidiendo con el inicio del curso. Y lo hago con la consulta de una madre preocupada y responsable que me dice que a su hija de 11 años “le han dicho que tiene que abrir una cuenta en Twitter para poder mandarle deberes a través de ella”. Una irresponsabilidad, como la misma madre apunta, por parte del colegio y la profesora teniendo en cuenta que en ningún momento les han informado de los riesgos y ni siquiera de cómo usarla responsablemente.

De entrada es una auténtica barbaridad que se pida a niños y niñas de 11 años que se abran una cuenta en Twitter. Las redes sociales, y los servicios de microblogging como Twitter están dirigidos a mayores de 14 años, al menos en España.

El apoyo legal está en el Real Decreto 1720/2007, de 21 de diciembre, por lo que se aprueba el Reglamento de Desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de protección de datos de carácter personal. En su artículo 13 dice:

  1. Podrá procederse al tratamiento de los datos de los mayores de catorce años con su consentimiento, salvo en aquellos casos en los que la Ley exija para su prestación la asistencia de los titulares de la patria potestad o tutela. En el caso de los menores de catorce años se requerirá el consentimiento de los padres o tutores.
  2. En ningún caso podrán recabarse del menor datos que permitan obtener información sobre los demás miembros del grupo familiar, o sobre las características del mismo, como los datos relativos a la actividad profesional de los progenitores, información económica, datos sociológicos o cualesquiera otros, sin el consentimiento de los titulares de tales datos. No obstante, podrán recabarse los datos de identidad y dirección del padre, madre o tutor con la única finalidad de recabar la autorización prevista en el apartado anterior.
  3. Cuando el tratamiento se refiera a datos de menores de edad, la información dirigida a los mismos deberá expresarse en un lenguaje que sea fácilmente comprensible por aquéllos, con expresa indicación de lo dispuesto en este artículo.
  4. Corresponderá al responsable del fichero o tratamiento articular los procedimientos que garanticen que se ha comprobado de modo efectivo la edad del menor y la autenticidad del consentimiento prestado en su caso, por los padres, tutores o representantes legales.

Es decir, con el consentimiento paterno, podría crearse la cuenta. No sería sólo la de Twitter ya que se precisa también una cuenta de correo electrónico, que también está sujeta a los mismos condicionantes apuntados arriba.

De todos modos Twitter dice claramente en su política de protección de datos:

Nuestra política respecto a los niños
Nuestros Servicios no se dirigen a personas menores de 13 años. Si Ud. advierte que su hijo nos ha facilitado datos personales sin su consentimiento, por favor póngase en contacto con nosotros en privacy@twitter.com. Nosotros no recogemos información de niños menores de 13 años de manera consciente. Si llega a nuestro conocimiento que un niño menor de 13 años nos ha facilitado datos personales, hacemos lo necesario para borrar dicha información y dar de baja la cuenta del niño. 

Tenéis también aquí el enlace al apartado de consejos para padres y adolescentes de Twitter, que, aunque en inglés, deja bien claras las precauciones a tomar.

En ningún caso, por lo tanto, se puede animar a un colectivo de menores a integrarse en una red social donde van a “convivir” con adultos. Y mucho menos hacerlo sin antes dar unas pautas de precauciones y formas de actuar, tanto a los menores como a padres y madres. Es una grave irresponsabilidad del educador incitar a usar la red de esta manera. Seguramente, quiero creer, consecuencia de un desconocimiento profundo por parte del profesorado, de lo que es Internet y las Redes sociales. Lo cual no les exime de culpa, ya que es su obligación estar formados.

Los educadores que de verdad quieren usar de forma responsable las redes sociales como forma de trabajo en el aula, tienen una excelente herramienta, y muy sencilla si le dedican un par de horas como mucho, que se llama Edmodo. Es un sitio para crear una red social cerrada sólo para alumnos y profesorado, totalmente gratuita y con garantías de seguridad. No exige la apertura de cuentas de correo electrónico a los alumnos-as y es el propio profesorado el que administra los usuarios. A través de esa red, una vez creada, se pueden encargar tareas escolares, trabajos de grupo, recomendar lecturas, hacer evaluaciones, calificar, responder consultas… Para el profesorado interesado, les dejo un par de tutoriales muy sencillos de esta herramienta educativa:

Mi consejo es que si a vuestro hijo o hija le mandan abrir una cuenta de correo o inscribirse en una red social general (Facebook, Twitter, Tuenti…) para los trabajos escolares, habléis con el centro escolar para exponerle estos argumentos. Incluso lo veo poco apto aunque los alumnos-as tengan 15 o 16 años. Insisto que hay otras herramientas. Exijamos también un pequeño esfuerzo a los educadores.

Datos personales de menores en la Red

PrivacidadEs un tema recurrente en Internet: los datos personales. Constantemente se nos está advirtiendo de la peligrosidad de exponer datos personales en la Red y constantemente los medios de comunicación nos dan muestra de las nefastas consecuencias de exponerlos. A poco que naveguemos por Internet nos damos cuenta de que con mucha frecuencia se nos piden datos personales (correo electrónico, lugar de residencia, nombre y apellidos…) para registrarnos en determinados servicios. No me detendré aquí en las precauciones que hay que tener y de las condiciones que deben tener estos servicios para solicitarnos y obtener estos datos en el caso de los adultos, pero sí lo haré con respecto a los menores.

Según datos del 2010 recogidos por el Instituto Nacional de Estadística el 87,3% de los menores españoles entre 10 y 15 años usan Internet, y el 92,1% de los menores de 15 años disponen de teléfono móvil. Es decir, están constantemente en disposición de verter datos personales de todo tipo en la Red (se incluyen entre los denominados “datos personales”, las imágenes, sea vídeo o foto).

¿Qué pasa con esos datos personales, qué tratamiento tienen? La Ley de Protección de Datos hace una distinción entre menores y mayores de 14 años. Según el Reglamento de desarrollo de la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos Personales, los menores mayores de 14 años pueden consentir por sí mismos la recogida y tratamiento de sus datos personales sin el consentimiento de sus padres o tutores, mientras que para los menores de 14 años es preciso el consentimiento de sus padres o tutores. Y aún así, se prohíbe en todo caso recabar datos del menor que permitan obtener información sobre el resto de los miembros de la familia, tales como datos económicos o sociológicos.

Además, aunque sean menores mayores de 14 años, y puedan dar sus datos, conviene que sepan que quien se los recabe, además de pedirle permiso, debe advertirle para qué los va a usar y cómo cambiarlos o borrarlos si lo desean. Y todo esto con un lenguaje adecuado a su edad. Así, si el chico o chica no entiende las cláusulas que le indican, deberían negarse a dar sus datos. No hace falta recordar que muchos datos, aparentemente inocuos, pueden aportar gran cantidad de información sobre la persona, que puede ser utilizada para intenciones no muy claras.

Y también debemos hacerles conocer la importancia de respetar los datos personales de terceros. Según la Agencia Española de Protección de Datos, si subimos y etiquetamos fotografías de terceras personas a una red social y nuestro perfil no está cerrado, podemos incurrir en responsabilidad en materia de protección de datos personales. Y esto incluye si tenemos las fotos accesibles a los amigos de nuestros amigos. De nada vale proteger los datos propios (no subir fotos que pueden resultar comprometidas, por ejemplo) si los demás lo hacen por nosotros. Todos estos consejos forman parte de la educación en materia digital que debemos preocuparnos de dar a los menores.

Un aspecto importante a considerar, ya que es el dato que con más frecuencia se “regala” en Internet, es la dirección de correo electrónico. El dársela a cualquier persona o introducirla en cualquier web puede traer como resultado que esa cuenta sea objeto de spam, de correo basura, en poco tiempo. En este sentido, un consejo importante para los adolescentes (también para los adultos, por supuesto) es que dispongan de al menos dos cuentas de correo electrónico: una para usar sólo con amigos de confianza y familia, y otra u otras para inscribirse en webs que requieran proporcionar una dirección de correo. Algunos proveedores de correo disponen de herramientas para proteger la dirección principal. Tanto Hotmail (direcciones plus) como Gmail tienen disponible este mecanismo, aunque el SpamGuard de Yahoo es el más completo y seguro.

En lo que respecta a las redes sociales, ya hemos comentado en un artículo anterior las edades mínimas para acceder a una red social. Veíamos que era muy difícil comprobar la veracidad de los datos proporcionados por el menor, y así en cualquier red, aunque el mínimo legal para inscribirse (en España) sea de 14 años, encontraremos menores de dicha edad. En el caso de Tuenti, dispone de un mecanismo mediante el cual, si albergan sospechas sobre la verdadera edad de un perfil –en base a las fotos o contactos que tiene agregados– requieren del usuario que en un plazo determinado envíe una fotocopia del DNI o en caso contrario cierran esa cuenta.

Desde el portal de la Agencia Española de Protección de Datos podéis descargaros la guía de Derechos de niños y niñas y deberes de los padres y madres que nos da unas muy útiles recomendaciones sobre todo lo que hemos comentado en este artículo.

Los espías en Internet

Espías en InternetYa hemos hablado en anteriores artículos de algunos programas o algunos hábitos que hacen que terceras personas puedan controlar lo que hacemos en Internet. Y también hemos comentado la ingenuidad de los menores que piensan que cuando hacen algo en la soledad de su cuarto con su ordenador, todo queda en el anonimato. Y es todo lo contrario. Es difícil mantener el anonimato en Internet, y mucho más hoy en día, con el “boom” de las redes sociales de todo tipo y formato.

La mayoría de las veces es el propio navegante el que se delata y el que consciente o inconscientemente deja sus rastros personales en la Red. Pero también existen –ya lo hemos visto– sistemas para seguir nuestro rastro con diferentes propósitos.

Vamos hoy a centrarnos en uno poco conocido: los web bugs. Seguramente más de una vez hemos recibido correos de remitente desconocido y al abrirlos encontrar que no contienen nada, que están en blanco… aparentemente. Con mucha probabilidad ese mensaje puede contener una diminuta imagen, quizás de un solo píxel, con lo cual se hace difícil de ver. ¿Qué función tiene esa imagen? El hecho de abrir el correo permite que este web bug obtenga información nuestra como el país desde donde nos conectamos, programa de correo que utilizamos, nuestro sistema operativo, el momento en que nos conectamos, el navegador que estamos usando, confirmar si hemos leído el mensaje… Quizás mucho del spam que tengamos en nuestro correo proceda de estas diminutas imágenes, ya que gracias a ellas estamos confirmando que la cuenta de correo en cuestión está activa y la leemos. Así nuestra dirección se convierte en una dirección verificada y por lo tanto muy valiosa en el “mercado del spam”.

Para limitar sus efectos es por lo que en más de una ocasión nos hemos encontrado, a la hora de abrir el correo electrónico, de un mensaje que nos indica que se han bloqueado las imágenes para ayudar a preservar nuestra intimidad. Seguramente, al no ver ninguna imagen, no le prestamos importancia a este mensaje y permitimos que se descarguen. Estamos ya dando entrada a este web bug.

Lo mismo ocurre cuando visitamos una web. Ahí también puede haber (y lo hay con frecuencia) un web bug, que recabará los datos que antes comentábamos. Esa es una de las causas de porqué a veces nos aparece publicidad “a la medida” en las webs que visitamos. Si nuestro chaval ha estado visitando webs sobre coches, por poner un ejemplo, puede ser que al poco tiempo la publicidad que le aparece en ciertos banners esté relacionada con vehículos. No es una casualidad.

Generalmente los web bugs se usan con fines publicitarios, pero como podemos presentir, su potencial es mucho mayor. Ya lo decíamos más arriba al hablar del correo electrónico y del spam. Y son mucho más peligrosos que las cookies –necesarias a veces para navegar por determinadas webs– porque combinan muchos más datos.

Si queremos comprobar por nosotros mismos la invisibilidad de estos programillas, visitemos esta página. Aparentemente no hay nada y sólo veremos una pantalla en blanco. Pero si utilizamos el navegador Firefox, podemos ir a la opción “Herramientas / Información de la página” y ahí, en la pestaña “Medios” veremos que nos señala una imagen que nos remite a una consultora especializada en medición de audiencias, Irmworldwibe, ahora integrada en Nielsen. Pues bien, este web bug figura, como podemos ver en la información que nos proporciona el propio Firefox, en la web del diario “El Mundo”.

Sirva todo esto para tomar conciencia de que son muchos los espías que acechan en la red. Y que, aunque nos parezca que nuestros datos no son importantes, sí pueden serlo. La imaginación y creatividad de los “malhechores” en estos temas, supera con creces la nuestra. Por lo tanto, insistamos a nuestros hijos e hijas en la necesidad de ser desconfiados en Internet. Los avisos de seguridad que nos muestran los navegadores y antivirus, no son “pesadeces”. Son por alguna razón. Antes de levantar barreras alegremente, indaguemos porqué nos las quieren poner.

Si regularmente nos informamos, tenemos interés en buscar información sobre estos y otros temas acerca de Internet, nos sentiremos más seguros y con menos complejos a la hora de hablar con nuestros hijos e hijas sobre sus hábitos de navegación. Y ellos y ellas se darán cuenta de que conocemos el medio y se sentirán más amparados y protegidos. Ya hemos apuntando hace un tiempo, que los menores se sienten con frecuencia “huérfanos digitales”. Así que decidámonos, esforcémonos y démosle una “paternidad o maternidad digital”. Pero si descuidamos esta “paternidad/maternidad digital”, en ningún caso culpabilicemos a las redes sociales o a otros instrumentos de Internet de lo que le pueda ocurrir a nuestros hijos e hijas. Sería igual que si, teniendo ellos 8 años, por poner un ejemplo, los dejáramos libres en la calle hasta la hora que quisieran (3-4 de la madrugada), les ocurriera algo, y culpáramos exclusivamente a la policía o al gobierno por la falta de seguridad. La ignorancia o la dejadez en las funciones paternas/maternas, no exime nuestra responsabilidad.

La netiqueta

NetiquetaYa hemos visto que los adolescentes son habituales consumidores de redes sociales, mensajería, foros, chats… En definitiva, la comunicación a través de la red. Algo que a los adultos no habituados al uso de Internet, les da un poco de miedo. Es el miedo a lo desconocido y también la idea, quizás inconsciente, de que Internet es un fenómeno secundario, una herramienta de trabajo o un entretenimiento. Y es eso y mucho más. Como siempre decimos, Internet ha venido a quedarse y no es una moda. Puede ser una moda alguna de las herramientas de Internet, en el sentido de que quizás dentro de unos meses o años dejen de usarse, como ocurrió por ejemplo con el IRC de que hablábamos en comentarios anteriores, o Second Life, que después de unos años de enorme auge, se ha desinflado considerablemente. Pero en muchos casos desaparece su uso pero no su función, que se ve reemplazada y superada por otros servicios. Por lo tanto, Internet ya es el marco donde se desarrolla y desarrollará gran parte de la vida de nuestros chavales. Hay que ir asumiendo la comunicación de los adolescentes a través de la Red como algo inevitable y no necesariamente malo. En cualquier caso, igual de malo que la comunicación “en persona”. Dejemos por tanto los temores aparte. Precisamente esta mañana leía que los adolescentes son huérfanos digitales, en el sentido de que no tienen referencias adultas que les eduquen en el buen uso de la Red porque sus padres no tienen las habilidades y conocimientos para guiarles.

Por lo tanto, para ir rompiendo esta dinámica, vamos con unos consejos para que como padres y madres podamos ir guiando a los menores en la buena conducta en lo que a comunicación en la Red se refiere.

Ya digo que no es muy distinta la comunicación “en persona” (me resisto a emplear el término “comunicación real”) a la comunicación a través de la Red. Al igual que en cualquier comunicación interpersonal, hay una serie de normas de cortesía que se deben seguir. La dificultad estriba en que al no estar frente a frente físicamente, hay ciertos modos de expresión que se pierden y que hay que suplir de alguna otra forma.

Esto que veis a continuación es lo que se llama netiqueta. Es decir, una serie de normas de conducta a seguir en la Red, dentro de sus distintos ámbitos: correo, foros, chats, mensajería, redes sociales… Son algunas reglas, pero no es una relación exhaustiva. He recopilado algunas de las más importantes y que más pueden interesar a los menores. Si queréis ampliar más vuestro conocimiento sobre el tema, basta que con que pongáis la palabra “netiqueta” en Google o cualquier otro buscador y tendréis material más que abundante.

Aquí os dejo entonces unas cuantas normas para transmitir a vuestros hijos e hijas:

  • En la red no existe el lenguaje corporal, y esto lleva a equívocos en ocasiones. Una frase leída sin la entonación adecuada a la intención del que la emite, puede llevar a equívocos. Por lo tanto, hay algunas normas para suplir esta carencia:
  • No escribir en mayúsculas, porque en la Red es el equivalente a gritar.
  • Evitar la combinación de mayúsculas y minúsculas, del tipo EstOY eScriBienDO en MAyUscULAs y MinUSCulAs, porque eso hace que sea mucho más cansado al leer.
  • Utilizar los emoticonos para completar lo expresado, aunque no abusar de ellos porque también dificultan la lectura.
  • Respeta la intimidad y el derecho a la privacidad de las otras personas. Esto comporta, entre otras cosas:
  • No etiquetar fotos de otras personas sin permiso.
  • No publicar fotos o videos en los que salgan otras personas sin contar con su autorización, así como videos o fotos propiedad de otras personas.
  • No divulgar información que otras personas nos han confiado a nosotros solos.
  • Ante comportamientos ajenos que te irriten o molesten, actúa con calma sin caer en la provocación y hacer cosas de las que luego te tengas que arrepentir. Si algo te resulta ofensivo, acude al moderador del foro, denuncia al administrador de la red, o díselo a tus padres. Es buena idea guardar el historial de conversaciones en las mensajerías o chats, porque llegado el caso sirve como prueba.
  • Respeta el tiempo y la privacidad del correo electrónico de los demás. En consecuencia:
  • Utiliza siempre el campo CCO si quieres enviar mensajes a varias personas.
  • Nunca reenvíes historias, fotos, mensajes de cualquier tipo sin comprobar antes su veracidad. La mayoría de las cadenas de correo electrónico son falsas. Puedes contrastarlas en páginas como cadenas mail o rompecadenas.

Espero que esto os sirva como aperitivo, pero os animo a seguir profundizando más en el tema de la netiqueta. ¡A investigar en Internet! Veréis que no es difícil encontrar material sobre el tema.

A vueltas con las contraseñas

Uno de los “percances” que ocurren con cierta frecuencia entre adolescentes es el robo de las cuentas de correo. Si además es de Hotmail, trae consigo el robo de la cuenta del Messenger, claro. En ocasiones estos robos son producto de imprudencias de los propios chicos: no es raro que compartan su contraseña con sus amigos más cercanos. Si en un momento se enfadan con esos amigos, es fácil que por despecho entren en su cuenta y les cambien la contraseña.

Otras veces es producto de un troyano infiltrado en su equipo por diferentes medio (como el pinchar en un enlace enviado a través del correo o del propio Messenger, como vimos en un artículo anterior).

En estos días, el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil ha sacado una nota informativa al respecto, a raíz de las numerosas comunicaciones que reciben informándoles del robo de cuentas de correo electrónico. Y recalcan algo muy importante: apoderarse de una cuenta de correo no es simplemente una “gamberrada”. A veces, cuando los chicos les dicen a sus padres que les han robado la cuenta, los padres piensan que es eso, una “chavalada”, y que no tiene mayor trascendencia que las molestias que causa. Y no es así. La nota de la Guardia Civil lo dice bien claro:  “El apoderarse del correo electrónico es una conducta que se encuadra en el artículo 197 del código penal y tiene una pena de 1 a 4 años, y el utilizar la cuenta, suplantando la personalidad del legítimo titular, podría considerarse una usurpación de estado civil, que tiene una pena de 6 meses a 3 años de cárcel”. Es decir, si nuestro hijo o hija nos dice que le han robado la cuenta de correo (o de Tuenti, o el Messenger) tenemos que denunciarlo, porque puede ser que tenga repercusiones poco deseables, como que el autor del robo aproveche esta suplantación para hacerse con las cuentas de sus contactos.

Ante estos casos –el propio Instituto Armado lo indica– hay que presentar una denuncia en una comisaría o cuartel de la Guardia Civil. No llega con un “aviso” a Hotmail, Tuenti o incluso a la propia policía. Hay que personarse porque es requisito previo para presentar una denuncia. Y recomiendo que se haga. No es ninguna “cosa sin importancia” que le roben la cuenta a nadie. Más sabiendo que esa cuenta robada puede ser un instrumento para otros actos delictivos.

Por último, recordar que un robo de la cuenta es con frecuencia también  consecuencia de usar contraseñas demasiado sencillas o “lógicas”. Nunca se debe usar el número de móvil, la fecha de nacimiento, ni ningún dato que pueda deducirse de nuestros gustos o aficiones, fácilmente extraíbles en una red social. Desde luego, nada de contraseñas del tipo “123456”… La mayoría de los robos de cuentas son producidos tras un conflicto personal entre víctima y autor (amistad rota, noviazgo o matrimonio roto, relaciones laborales…). Por lo tanto, lo mejor es usar una contraseña segura, compuesta de letras y números. Claro, son más difíciles de recordar, pero aquí os dejo un truco para crear una buena contraseña y recordarla: pensamos en una frase –por ejemplo, “Yo nací el 4 de julio” – y nos quedamos con sus iniciales –Yne4dj–. Ahí tenemos una buena contraseña, con letras minúsculas y mayúsculas y números, y un buen método nemotécnico.

Resumiendo: hablar con los hijos y decirles que tienen que crear una buena contraseña, nunca compartirla con amigos (y por supuesto tampoco con extraños, claro) y no dejarnos llevar por la curiosidad para introducir nuestras contraseñas en lugares no seguros, como ya indicamos en la entrada anterior.