Los filtros en Internet

Filtros en InternetYa hemos hablado algo en artículos anteriores de los filtros de control parental. En concreto hacíamos referencia a que no es posible descargar toda la responsabilidad que concierne a los padres en esos programas. Quiero ahora hablar un poco más en detalle de estos programas, ya que serán muchos padres y madres los que ignoran su funcionamiento.

Básicamente estos programas pueden funcionar de tres maneras diferentes:

  1. Reconocimiento de palabras clave. Un método utilizado con frecuencia en instituciones (bibliotecas, ayuntamientos, escuelas…) pero que es totalmente ineficaz y contraproducente. Se trata de prohibir el acceso a determinadas páginas web en función de esas palabras previamente establecidas. Y así sucede que páginas que, por ejemplo, hablan de educación sexual, o del sexo desde el punto de vista médico, quedan bloqueadas y es imposible acceder a ellas.
  2. Listas negras. Algo que nos permiten hacer algunos navegadores, como el mismo Explorer. Se marcan webs a las que no se permite el acceso en razón de su contenido. O sea: poner puertas al campo. Pensemos que las más recientes estimaciones nos dicen que hay en el mundo más de 2,86 mil millones de páginas web. ¿De qué manera se puede elaborar una lista negra eficiente? Totalmente imposible. Mucho más sabiendo el carácter cambiante de esta cifra.
  3. Tecnología PICS (Plataforma de Selección de Contenido de Internet). Mediante este sistema de filtrado se puede definir qué webs son accesibles desde un ordenador o desde un grupo de ordenadores. Sería algo así como la “clasificación moral”, que decidiría qué webs son inadecuadas para determinados grupos. Esto tiene que realizarse a través de los propios proveedores de contenido de forma voluntaria, lo cual no lleva al optimismo. Y por otra parte entramos en un campo resbaladizo, ya que abre la puerta a la censura en Internet y al debate de quién tiene la autoridad y la capacidad para establecer esta clasificación.

El resultado es que ningún programa puede ser totalmente eficaz en el control de acceso a Internet por parte de los menores. Este software, sin embargo, sí que puede ser útil para controlar otra preocupación con respecto al uso de Internet por parte de los chicos y chicas: el excesivo número de horas ante el ordenador. Hay programas de control parental que permiten programar las conexiones, así como guardar un registro de los sitios visitados. Programas más sofisticados permiten incluso recuperar lo “tecleado” por nuestro hijo o hija, tanto si es en la mensajería como si es en un correo o un chat. Personalmente no recomiendo estos métodos de “espionaje”, si no es porque existan indicios de algún comportamiento irregular que nos preocupe. Aún a costa de correr algunos riesgos, soy partidario de medidas menos intrusivas pero más efectivas a largo plazo: diálogo, diálogo y diálogo.

Pensemos en nuestros hábitos “normales” en nuestro comportamiento con respecto a los hijos e hijas. Procuramos estar atentos a conocer las compañías de nuestros hijos, de sus horarios de entrada y salida de casa, de los lugares que frecuenta… No se nos ocurre esconder en la ropa de los chicos una grabadora o una cámara para luego saber lo que hablan con sus amigos o ver los sitios dónde están. Pues exactamente lo mismo debe ocurrir con Internet.

Debemos hablar con ellos, dialogar, exponerles nuestros puntos de vista, hablarles de los riesgos, establecer unas normas (en la medida de lo posible consensuadas) y, después, confiar en ellos, sabiendo que siempre hay un espacio para el riesgo. Pero hay que dejarles “respirar”. Y esto en todos los aspectos… incluido Internet.

Resumiendo: existen herramientas para controlar con más o menos éxito a los chicos a la hora de navegar en Internet, pero esos instrumentos sólo serán efectivos en la medida en que los acompañemos de un ambiente educativo en la familia y no de un ambiente autoritario y de prohibiciones. Ellos tienen “válvulas” para salir por otros lados… Tendríamos alguna batalla ganada pero, sin dudarlo, la guerra totalmente perdida.

La fiabilidad de la información en la Red

Internet es hoy en día un medio habitual para recibir información. Los chavales y los jóvenes, acuden cada vez menos a los libros como fuente de información para sus trabajos escolares y lo hace más a la red. Es indudable la comodidad que esto supone para ellos, porque les evita desplazamientos a bibliotecas, pueden copiar y pegar… Es decir, un avance para bien… y para mal… El trabajo de consulta de varias fuentes, varios libros, se ve sustituido en ocasiones –quizás más de las deseadas–por un “copia y pega” en el que el alumno no lee, no compara, no emplea su juicio crítico. En otra ocasión me centraré en este problema.

Pero hoy lo que traigo aquí es otro de los aspectos a tener en cuenta a la hora de trabajar de este modo: la fiabilidad de las fuentes. Si ya es posible encontrar libros con informaciones inexactas o claramente tendenciosas, ¡qué no lo será en Internet donde es sencillísimo publicar y cualquiera puede hacerlo!

Trabajo de profesores y padres es educar a los chicos en ese juicio crítico. Enseñarles a afrontar la información que circula en Internet desde una perspectiva crítica. Comprobar la veracidad, la procedencia de la información…

Internet es un mundo repleto de bulos, de mentiras, a los que a menudo le damos credibilidad y difundimos. ¿Quién no ha recibido un correo con un mensaje, a veces acompañado de imágenes ilustrativas, donde se nos habla de alimentos envenenados, niños con enfermedades atroces, premios por enviar correos a una empresa determinada, declaraciones polémicas de famosos…? Estos mensajes tienen a veces un origen interesado (desacreditar a un competidor, recopilar direcciones para un posterior envío de spam) y en ocasiones es una broma o leyenda urbana que encuentra en la red un medio ideal y potentísimo de propagación.

Los chavales son frecuentes receptores y difusores de este tipo de correos. Los reciben y los reenvían a todos sus contactos (a veces mostrando todas sus direcciones a la vista, pero de eso hablaremos en los próximos días). Debemos indicarles que no es correcto dar por ciertos estos mensajes y, mucho menos, difundirlos, sin antes comprobar su veracidad.

Estos correos son los conocidos como “Hoaxes”. Mi consejo es que al recibir estos correos se acuda a alguna de las páginas que recopilan y analizan estos hoaxes. Así veremos que muchos de ellos son recurrentes en el tiempo, productos de manipulación de imágenes, orígenes interesados, etc. Alguna de estas páginas son Rompecadenas o Vsantivirus .

De cualquier manera, mi “truco” personal cuando recibo un correo de estas características es pegar una frase del mensaje, puesta entre comillas, en Google seguido (fuera de las comillas) del término hoaxes. Seguramente aparecerán ya directamente varias páginas referentes al mensaje en cuestión.

Eduquemos a los chicos en el rigor a la hora de afrontar lo que circula por Internet. Como en anteriores artículos, sobra decir que primero lo tendremos que hacer nosotros, los adultos. Aprender para enseñar, educarnos para educar. No veamos a Internet como algo “accesorio”, sino como parte integral de la vida, algo de lo que nuestros hijos ya no podrán prescindir.

Ser padre y madre ante la Red

Generalmente hoy en día, los padres y madres, cuando hablan de los riesgos que acechan a los menores en Internet piensan inmediatamente en las redes sociales y en la mensajería. Tantos y tantos casos descritos, con frecuencia con tanto lujo de detalles, en los medios de comunicación hacen que estos dos instrumentos parezcan los “demonios” de Internet entre los adolescentes.

No se trata de demonizar ninguna de las herramientas que la Red nos ofrece. La demonización está en el uso que se le dé, no en la herramienta en sí. Como cualquier otra herramienta. Y así como no dejamos a un niño que juegue con un cuchillo sin ninguna supervisión, lo mismo ocurre con las herramientas de Internet. El problema reside en considerar que un ordenador conectado a Internet es como un televisor: “Mi niño no da ningún problema: está todo el día en el ordenador”… Esto es olvidarse de que hoy en día Internet, además de información, es comunicación…

Pero en esta ocasión quiero centrarme en otros riesgos que ofrece Internet y a los que quizás no se le dé tanta importancia. Me refiero al contenido de ciertas webs y blogs. Recientemente saltó tímidamente a los medios de comunicación la existencia de páginas “pro Anas” y “pro Mías”, es decir, webs en las que se hace una apología de la bulimia y anorexia. Puedo asegurar que pone los pelos de punta leerlas. Y a ellas puede acceder cualquier adolescente sin ninguna limitación. Lo más preocupante del caso es que ante reiteradas denuncias de estas páginas, el Grupo de Delitos Telemáticos de la Guardia Civil acaba de publicar una nota de prensa en la que dice que “La libertad de expresión está por encima de los mensajes con contenidos no adecuados. Por ello, no podemos solicitar la retirada de los contenidos.”

Imagino la impotencia que los agentes de esta unidad operativa deben sentir ante esta situación teniendo aún por encima que dar la cara con notas de prensa de este tipo. Pero mientras los poderes públicos, sus titulares, no estén concienciados con la importancia de la Red (tanto para bien como para mal), no habrá nada que hacer. El principio de protección del menor parece que sólo está legislado cuando se habla de “vida real” y no de “vida virtual”, cuando cada vez estas dos vidas están más en contacto y más cercanas.

Mientras tanto, a padres y madres sólo les queda estar atentos a los hábitos de navegación de sus hijos e hijas. Consejos ya muy sabidos como no situar el ordenador en la habitación del niño, limitar el tiempo de acceso a la red y uso del equipo, controlar los contenidos a los que accede…

Consejos sabidos, sí, pero con frecuencia no puestos en práctica. Muchas veces haciendo descansar toda la responsabilidad en programas de protección parental, efectivos para ciertas tareas pero muy imperfectos aún en el filtro de contenidos.

A este respecto recomiendo especialmente el libro de Mar Monsoriu, “Técnicas de hacker para padres”, donde además de multitud de programas de control, nos proporciona importantes reflexiones sobre la actitud de los padres y madres ante los hijos en lo que a Internet se refiere. Me parece un texto imprescindible para padres y madres preocupados por la seguridad de sus hijos en la red.

Es muy importante que los padres y madres tengan la preocupación de formarse en el uso de Internet. Hoy en día hay multitud de recursos para hacerlo. Con frecuencia, en los cursos que imparto, escucho frases como “Mi hijo sabe mucho de Internet y yo no soy capaz de estar a su nivel”. Generalmente no es cierto. Saben navegar y usar, a su modo, algunas herramientas de Internet. Pero realmente su conocimiento de Internet es mucho menor del que imaginamos. Tomar en serio el papel de madre y padre implica hoy en día estar al tanto de las tecnologías de la información y la comunicación. No hace falta convertirse en expertos pero si disponer de un mínimo de nociones y recursos. En los enlaces que proporciono en este mismo blog, en el menú de la derecha, encontraréis buena cantidad de material al respecto.

Resumiendo:

1. Los menores no saben tanto como aparenta con respecto a Internet.

2. No podemos dejar todo el control de su uso de la Red en programas parentales porque no son perfectos.

3. Los riesgos no acechan sólo en las redes sociales y en la mensajería: también en las webs y blogs. Por eso es importante conocer sus hábitos de navegación. Hablar con ellos, crear un clima de confianza.

4. Tenemos la obligación, como padres y madres, de formarnos en el uso y medidas de prevención en Internet.